jueves, 28 de agosto de 2014

PERSONALIDADES IRLANDESAS DESTACADAS EN LA ARGENTINA


Alte. Guillermo Brown
* 23/06/1777+ 03/03/1854

El 23 de junio de 1777 nace en Foxford, Condado de Mayo, Irlanda, Guillermo Brown. Siendo profundamente católica su familia, la intolerancia religiosa los forzó a emigrar, cuando era un niño todavía, a las entonces colonias inglesas de América del Norte, que luchaban con éxito por su emancipación.

Según Vicente Fidel López, el pequeño emigrante quedó huérfano al entrar en la adolescencia y se embarcó como grumete en un barco de los que remontaban el Delaware. Otros datos de procedencia familiar lo sitúan como guardiamarina en la marina real británica, que al poco tiempo abandonó para ingresar en la marina mercante. Este período poco conocido de la vida del futuro “Almirante del Plata”, se presta a informes contradictorios. “Los papeles de familia –escribe Ratto- refiriéndose a la carta de la señora Rosa Brennan al capitán de navío Jones Brown, dicen que Brown abandonó su país de origen como guardiamarina, dejando el servicio real para dedicarse a la marina mercante".

En la dura vida de abordo, una de las más rudas en aquellos tiempos, el adolescente tuvo ocasión de formar aquella pericia y aquel indiscutible don de mando que con su gran coraje personal, explicarían después la admirable personalidad del jefe.

En tiempos de la guerra entre Francia y Gran Bretaña, tripulaba un navío británico que los franceses apresaron, conduciéndolo en calidad d prisionero a las fortalezas de Metz y Verdún. Tras muchos riesgos y dificultades consiguió fugarse y pude regresar a Inglaterra.

En la Parroquia de Saint George, en el Condado de Middlesex, contrajo matrimonio el 29 de julio de 1809 con Isabel Chitty. Ese año de su casamiento es el mismo de la llegada de Guillermo Brown al Río de la Plata, concretamente a Montevideo, para dedicarse al comercio marítimo.

A mediados de 1810 arribó a Buenos Aires como capitán de la fragata mercante “Jane”. Dedicado a sus asuntos comerciales, permaneció casi dos meses en la entonces capital de Virreinato del Río de la Plata y pudo presencia los acontecimientos del mes de mayo de 1810. “El más grande defensor de los ideales de mayo –afirma Ratto- fue testigo ocular del acto primo de la Revolución. ¿Qué extraño pues que tal conmoción abriera ancha y profunda brecha en su espíritu ardoroso hasta inclinarlo a tomar partido por los independientes?

Pocos meses más tarde Guillermo Brown lucharía con los realistas en la Banda Oriental. Les había apresado la goleta “Nuestra Señora del Carmen” y la balandra “San Juan de las Ánimas”; había intentado abordar con uno pocos hombres y un pequeño bote el bergantín de guerra “Cisne”. Además había transportado armas, víveres y comunicaciones del gobierno de Buenos Aires a los ejércitos patriotas de la otra orilla del río. Combatía ya abiertamente por la causa de mayo, cuando en mayo de 1814 el Directorio le confirió el grado de Teniente Coronel y lo puso al frente de su improvisada escuadra.

Apenas había transcurrido una semana de la designación cuando las tres naves de la famosa Escuadra de 1814 zarparon de Buenos Aires con destino a Colonia. Iba al frente la fragata Hércules, donde Brown desplegaba su insignia, seguido por la corbeta Zephyr y el bergantín Nancy.  Su objetivo era atacar la fuerte posición realista de Martín García. Rechazado en el primer ataque, Brown reanudó el combate cuatro días después y tras violenta lucha se apoderó del fuerte baluarte español en el Río de la Plata. El combate de Martín García fue el bautismo de fuego de la fuerza naval argentina.

Hay un episodio en  este combate que revela el temple de Brown y sus hombres. Desde el muelle los había recibido un fuego intenso de fusilería mientras subían la cuesta fragosa, sin poder contestarlo. Muchos de los atacantes son compatriotas del gran jefe. Nervudos, pelirrojos y pecosos, con el alma llena de las nostalgias de la lejana Irlanda que parecieron aumentar ante la cercanía de la muerte. Y en esos momentos decisivos, cuando es más nutrido el fuego de los fusileros del Rey, Brown transmite una orden y de pronto el pífano de la Hércules y el tambor que toca a bordo el zafarrancho, dejan oír los compases del aire nacional irlandés Saint Patrick’s Day in the Morning, y a sus compases la marinería desembarca al mando de Baxter y de Oroná, arrolla las últimas defensas y toma la batería dirigiendo los tiros de ellas contra los realistas.

El éxito decidió entablar batalla con la poderosa flota realista que defendía Montevideo. Contrariando la opinión del gobierno, insistió porfiadamente iniciar inmediatamente las operaciones, logrando imponerse a las vacilaciones del Director Posadas y del Consejo de Estado. El 14 de abril de 1814 el pueblo de Buenos Aires despidió al héroe de Martín García que marchaba nuevamente a enfrentar a las fuerzas realistas en el Río de la Plata.  El 20 de abril la escuadra implantó el bloqueo. Las consecuencias se hicieron sentir muy pronto en el ánimo de los defensores y en el abastecimiento de la ciudad, provocando la convocatoria de una Junta en la que los cabildantes insistieron en la necesidad de salir a batir a los cinco barcos que se hallaban a la vista del puerto “pues así lo exige el honor de nuestras armas y los intereses del Estado, pues en la conservación de este baluarte de la América del Sur consiste la salvación de estas provincias”.

En cumplimiento de lo resulto por la Junta, la escuadra española se preparó para el combate. El mando fue confiado al comandante general D. Miguel de Sierra. En los días 14 y 17 se libraron los combates. El triunfo de los patriotas fue decisivo. Brown escribe en sus “Memorias”: “La victoria era completa. A partir de ese momento los españoles abandonaron todo pensamiento de ulterior refuerzo por mar. El día 18 el gobernador de Montevideo, General Gaspar Vigodet envió a su ayudante de campo, teniente coronel Obregón, para intentar conversaciones de armisticio”.

El triunfo naval de Montevideo provocó en Buenos Aires el mayor entusiasmo. Al desembarcar, apoyado en muletas, herido como estaba por el retroceso de una pieza de artillería, Brown recibió extraordinarias expresiones de gratitud del pueblo. Poco después le fue donada por el gobierno la corbeta “Hércules”, “a cuyo bordo –dice la nota de donación firmada por el Ministro Viana- acreditó V.S. el honor y la constancia que distinguen a las almas grandes”.

El 15 de setiembre de 1815 inició su crucero del Pacífico con la Hércules y el bergantín Trinidad. Pasó por Colonia y Montevideo y luego se dirigió al Cabo de Hornos. En la isla La Mocha se encontró con Hipólito Bouchard y navegaron juntos hasta las proximidades de la isla Juan Fernández, donde se separaron para encontrarse de común acuerdo, en la isla San Lorenzo donde instalaron el centro de operaciones. Habían capturado varios barcos, entre ellos el Nuestra Señora del Carmen.

Allí inició entonces una de sus empresas más temerarias: el ataque al Callao, fortísimo reducto realista en América. Durante el bloqueo y ataque, se apoderó de la fragata española Consecuencia, a la que le cambió el nombre por Argentina y con la que Bouchard realizó su extraordinario viaje de circunnavegación.

Luego vendrían otras hazañas. En ese crucero fue el ataque a Guayaquil, y en el desesperado combate cayó prisionero de los sobrevivientes de la Trinidad, recibiendo un digno tratamiento por parte del brigadier Juan Vasco y Pascual, gobernador provisional de la plaza. Hipólito Bouchard y Miguel Brown, hermano del prisionero, entraron en la ría con el Hércules y el Halcón, dispuestos a bombardear Guayaquil. El gobernador prefirió negociar y hubo un canje de prisioneros y Guillermo Brown recuperó la libertad.

El escritor ecuatoriano Pino y Roca en su escrito “Un pabellón insurgente”, dice de Brown cuando en calidad de prisionero llegó a tierra: “El fiero almirante marchaba con su cabeza erguida, los cabellos y la barba desgranados; casi sin ropa, así como fue apresado, envuelto del pecho para abajo con la bandera de su desgraciado bergantín. Pasaba la mirada con dignidad sobre la multitud apiñada a su paso, que no profirió un solo denuesto: ¡Tal era el respeto que inspiraba!

Seguían tras él los marineros, amarradas las manos a la espalda; cerraban la marcha los heridos colocados en camillas y en parihuelas.

-                ¿De dónde es el pirata? ¿De quién es la bandera?, inquirió uno de los que observaban la llegada de Brown y los demás prisioneros.
-                ¡No es un pirata, es un insurgente! ¡La bandera es de un pueblo libre!, contestó alguien a sus espaldas.

Extrañados volvieron la cabeza quienes escucharon tan atrevida respuesta, pero ya el desconocido estaba lejos”

Posteriormente se dirigieron a la isla de San Carlos, en el archipiélago de las Galápagos, donde hecho el reparto de las presas habidas durante la campaña, se separaron los dos marinos.

Brown recorrió las costas de Nueva Granada (Colombia) y en la isla Antigua del grupo de Barbados las autoridades inglesas le decomisaron la Hércules, por lo que viajó a Inglaterra dispuesto a reclamar ante el almirantazgo por lo que consideró una evidente injusticia.

En 1818 regresó a Buenos Aires, en plena guerra entre el Directorio y los caudillos del litoral, querella a la que Brown, como San Martín, no quiso prestar su espada. Se dedicó entonces a las tareas rurales en su quinta de Barracas, hasta que le arrancaron de su voluntario retiro otros graves acontecimientos.

El 10 de diciembre de 1825 el emperador del Brasil D. Pedro I había declarado la guerra a la República Argentina y once días más tarde, el vicealmirante Rodrigo de la Ferreira Lobo se hallaba con la escuadra imperial en la rada de Buenos Aires. Con segura fe de su poderío marítimo afirmó que “ni un pájaro cruzaría la línea del bloqueo”.

En tan difíciles circunstancias el gobierno mandó llamar a Brown y el 12 de enero de 1826 le confirió el mando de la escuadra republicana que prácticamente sólo existía en el papel. Dos medio destruidos bergantines: el Balcarce y el Belgrano, carenados y equipados a toda prisa, y una lancha carguera La Correntina eran las unidades de aquella fuerza. De inmediato se incorporaron doce lanchas armadas con un cañón y tripuladas por cuarenta y cinco hombres cada una.

El 13 de enero Brown izó la insignia en el Balcarce. Más tarde el gobierno, en un encomiable y eficaz esfuerzo, pudo incorporar nuevos buques a la improvisada escuadra y entonces Brown la enarboló en la fragata 25 de mayo y se dispuso a tomar la ofensiva.

El 9 de febrero, desafiando el cerco de los imperiales, libró el primer combate que, no obstante su inferioridad numérica, los obligó a replegar la línea de bloqueo.

Otra jornada importante fue el asalto a la Colonia, que si bien no tuvo el resultado esperado dio al adversario una muestra del temple de nuestros marinos y produjo dos importantes consecuencias. El resultado de estos encuentros impulsó al emperador de Brasil a reemplazar en el mando de la escuadra a Ferreira Lobo por el almirante Rodrigo Pinto Guedes, quien decidió dar un golpe decisivo a la escuadra republicana. El 25 de mayo, creyendo los brasileños que gran parte de las tripulaciones argentinas estarían en tierra celebrando el aniversario patrio, ordenó el ataque.

Para su desgracia, Brown se puso de inmediato en línea. Hubo un nutrido fuego de cañón entre ambas escuadras y tras los últimos disparos los bloqueadores no tuvieron más remedio que ensanchar de nuevo la distancia por espacio de una quincena.

 

Don Eduardo Casey O’Neill

20/04/1847  + 20/07/1906

El descubridor de las bondades de los campos de Venado Tuerto fue Eduardo Casey, un argentino descendiente de irlandeses. Nació en la estancia “El Durazno” (Lobos), el  20 de abril de 1847, y obviamente heredó el instinto irlandés de conocer la calidad de los campos. Casey era un hombre de gran corazón y brillantes ideas, y si se hubiera ocupado de los pequeños detalles, habría acumulado una de las fortunas más grandes de toda sur América. Inclinado a los grandes negocios, fracasó en todos por no haber aplicado aquél refrán que dice: “Encárgate de las monedas, que los billetes se cuidan solos”. Casey no llevaba libros contables y delegaba todos sus asuntos financieros menores a sus colaboradores.

El 25 de mayo de 1877 contrajo matrimonio con María Inés Gahan, hija de John Gahan (que participó de la segunda excursión de Casey a los campos del Venado Tuerto) y Mary Devitt. Tuvieron cinco hijos: 1) Ángela, nacida el 02/10/1879 y fallecida el 17/02/1953, contrajo matrimonio con Julián Duggan (con sucesión). 2) Arturo Eduardo nacido en 1881 y falleció el 15/12/1882.  3) Elena que nació el 13/08/1883 y falleció soltera. 4) Lily que nació en 01/05/1886 y falleció soltera. 5) Vicente que nació el 22/01/1888 y falleció soltero el 02/091933.

Estuvo asociado con los Duggan, una de las familias más acaudaladas de la Argentina. Su hija se casó con Tomás Duggan, lo que le significó  un gran respaldo económico. La primera operación bursátil de gran escala fue la adquisición de unas cien leguas al sur de Buenos Aires, realizada desde Plaza Montero, a la sazón concesionaria gubernamental de las tierras del “Curamalál”. Posteriormente formó otra sociedad con G.Gilmour y R. Inglis Runciman en los distritos de Venado Tuerto y Loreto. El primero de setenta y dos leguas y el segundo de cien. Ambas operaciones fueron buenas y transparentes. Posteriormente, y con el respaldo financiero de Tomás Duggan, levantó el Mercado

Central de Buenos Aires que, con el tiempo fracasó. Tomás Duggan debió hipotecar sus bienes por el término de diez años, entre ellos dieciocho estancias. Poco tiempo después de esta operación, fallecieron Daniel y Miguel Duggan, hermanos de Tomás, dejándole una herencia fabulosa. Naturalmente los acreedores corrieron a exigirle que saldara su deuda, pero él les respondió que, al habérsele negado el crédito cuando lo necesitaba, ahora tomaría el tiempo acordado para su devolución, de manera que los dejó plantados esperando que se cumplieran los diez años para su cancelación. Decían que Tomás Duggan solía entretenerse yendo al Mercado Central y contarles a sus amigos que cada uno de los ladrillos del edificio representaba un dólar para su bolsillo.

Además de estas actividades, Casey tuvo amplia participación en obras públicas en Montevideo, a través de la construcción de edificios y hoteles. Pero las cosas no andaban bien y nuevamente se encontró en dificultades económicas, por lo que se vio obligado a recurrir nuevamente a préstamos hipotecarios. Esta vez fue la Baring Bros. la que facilitó el crédito hipotecario sobre los campos del “Curamalál”. Estos negocios, además de los del Mercado Central, terminaron por fundirlo.

Demás está decir que la Baring Bros. se adueñó del  “Curamalál”, que también derivó en una quiebra que fue salvada por el Banco de Inglaterra. La Baring vendió la mayoría de esos campos a la financiera alemana Tornquist, la que posteriormente los revendió fraccionados, cuyos porcentajes de utilidad alcanzaron entre los 700 a 800 por ciento. ¡Y pensar que la Baring pudo haber hecho lo mismo!

Eduardo Casey fue uno de los fundadores del Jockey Club junto con el señor E.T. Mulhall, dueño del conocido periódico “The Standard”. También fundaron el “Bread and Butter Club”, (Club Pan y Manteca) de efímera duración. Ambos tuvieron participación en el Banco de Irlanda en Buenos Aires, pero la entidad no tuvo implicancias en la quiebra de Casey. En tanto Mulhall, que había tenido éxito en los negocios, fue considerado por Casey como “el único de sus amigos que no había fundido”.

No caben dudas que Casey nació cincuenta años antes de tiempo. Sus ideas y planes eran brillantes y posibles, por lo que resulta patético pensar que un hombre como él, que alguna vez pensó en iniciar una carrera política con miras a la Presidencia de la Nación, haya muerto en la total miseria y desamparo.

Pero justo es reconocer que, si bien murió en la mayor de las pobrezas económicas, dejó tras de sí un sinnúmero de amigos que lo consideraban una persona generosa, abierta y transparente. Contar la historia de Casey sería muy interesante, pero eso demandaría mucho más que todo este libro.
 (“Work and Play in Argentina” – John Macnie – Londres 1924)

“El 23 de julio de 1906, desgarrado moralmente, cruelmente ignorado, pero aún con sueños que sabía irremediablemente inalcanzables, bajó el gran celta sus vigorosos brazos y dejó que una máquina de maniobras, cerca del Mercado Lanar de Barras, lo transportara metafísicamente a sus ilusiones pasadas” (sic) (“Irlandeses, Eduardo Casey, Vida y Obra” de Roberto Landaburu - Pág. 194).

Tal vez el historiador Julio A. Costa haya sido quien hizo la más fiel descripción de Don Eduardo Casey, teniendo en cuenta que lo conoció personalmente. He aquí un fragmento de su libro “Semblanzas Históricas, páginas de mi diario”:

“En la tierra argentina, vasta y desierta, primero es la espada, después el arado, después el comercio y la escuela. Primero el latifundio, después la estancia, la chacra, la colonia y la cultura.

Así Curamalal. Primero los avanzados capitales de lejana frontera, desalojando al indio que dio al valle y a la sierra sus nombres compuestos, quichuas o araucanos, títulos graníticos de su antiguo señorío. Después los concesionarios que se asomaron al desierto con los latifundios de cientos de leguas. Y después Don Eduardo Casey, en 1884, que basándose en capital propio, del levantado entre sus amigos irlandeses con su palabra influyente y de un crédito de setecientos mil nacionales acordados por el Banco Hipotecario, y con la gerencia infatigable del pionero canadiense Don Juan Sewell, puebla el latifundio de Curamalal...

Hizo en el latifundio santafesino otra gran colonia ganadera y agrícola, en el paraje tradicionalmente conocido con el nombre de Venado Tuerto. Leguas y leguas de alfalfa, miles de novillos, casi puros, invernando en la inmensa pradera, el verde infinito del maizal, la rubia mies espigando de oro el horizonte y el desierto matizado con quintas y pueblos, tal fue la transformación maravillosa del pajonal santafesino entre las manos ágiles del vigoroso luchador.

Parecían ellas sacar del mismo sol de 1810 su poder fecundante para animar con el aliento de la civilización y del progreso, aquella pampa legada intacta por la colonia, que había transportado a la llanura sudamericana, el soplo helado del Escorial.

A Eduardo Casey le llegó, al final, el derrumbe como a todos los precursores que avanzándose demasiado sobre los lindes del tiempo, pierden pie y caen al abismo.

Su ruina fue el Barrio Reus, de Montevideo. El Reus fue la primera iniciativa de los grandes barrios suburbanos con casas confortables y baratas para obreros, que ahora son preocupación primordial de la legislación argentina y que continuará más tarde en Montevideo con éxito merecido ese otro trabajador oriental, Don Francisco Piria, el fundador de Piriápolis. La especulación en su vértigo arrastró a los especuladores hasta el fondo del barranco y se tragó 37 millones en los que se fueron Curamalal y el Venado Tuerto junto con los capitales irlandeses ganados peso a peso, kilo a kilo sobre el rubio vellón de las majadas. El luchador celta quedó nocaut y pasaron sobre él los diez segundos de la mala suerte.

Más tarde se incorporó todavía y fue a Londres a financiar trabajosamente el ferrocarril Midland. De día aparecía en la Bolsa Mundial como espectro de la fortuna desvanecida, tratando de manipular reacios millones, y de noche se refugiaba en la buhardilla de un hotel, donde los trasnochadores de la City podían percibir en la madrugada la luz mortecina que oscilaba entre las columnas de números de insomne fantasía.

Por fin financió la ardua empresa y regresó a Buenos Aires con cien mil libras esterlinas de ganancia propia que invirtió íntegramente en pagarle a toda la gente pobre que había depositado en su casa.

Después murió prematuramente de pena por no poder cumplir con todos sus compromisos y con la amargura de su honradez ingénita, que no habían enervado los cracs financieros. Tenía 59 años cuando murió pobre y olvidado, con la inhibición total de bienes, esa fuente civil de trabajadores audaces, cuya derogación propuse al Senado de Buenos Aires y, como es natural, la detuvieron los acreedores, poco filósofos.

Don Eduardo Casey había trabajado mucho para todos y mal para sí mismo, a diferencia de los parásitos que se enriquecen sin hacer nada con el trabajo de los demás. Era hijo de irlandeses, nacido en la Estancia “El durazno” en Lobos, Provincia de buenos Aires y tenía la fantasía y tenacidad de su raza.

Su última creación fue el Marcado Central de Frutos, monumento al trabajo y a la riqueza que cubre varias hectáreas en la populosa Avellaneda y cuya vasta mole contemplan los presentes y contemplarán las futuras generaciones, colosal como la cosecha argentina y por dentro de otro macizo como los templos del Sol.

A su entrada, tallada en el granito de Cúramela, donde él hizo surgir el agua de la roca y el maná del fértil valle, debiera levantarse la estatua de Don Eduardo Casey, en su alta y distinguida figura, vestido con su levita cruzada, de cara al Sur oscuro, y con la larga barba al viento y a la tormenta como el obrero bíblico. 


Don Tomás  St. George Armstrong
29/11/1797 + 09/06/1875

Don Tomás de San Jorge Armstrong nació en Garry Castle (Inglaterra), el 29 de noviembre de 1797, siendo el segundo hijo de Tomás de San Jorge, coronel comandante de las milicias de Garry Castle, comisario general del condado de King, perteneciente a una antigua familia irlandesa, cuyo fundador, Cristóbal, edificó el castillo de Mangeton en Fernought en 1550.
Tomás de S.J. Armstrong llegó a la Argentina con sus padres en el año 1817, y el 12 de abril de 1827 contrajo matrimonio con Dª Justa de Villanueva y López Camelo, perteneciente a una antigua y acaudalada familia colonial, cuyo padre nacido en España, fue alcalde de Buenos Aires y cónsul del Real Consulado de Comercio del Río de la Plata. De su matrimonio nacieron ocho hijos: Gabriel Jorge, Isabel Francisca, Ema, Tomás Andrés, Justa Josefa, Juan de la Cruz, María Dolores y Tomás de San Jorge. Todos ellos contrajeron matrimonio con descendientes de distinguidas familias de la alta sociedad porteña.

Armstrong fue considerado uno de los hombres de negocio más afortunados que llegó a la Argentina. Acumuló una inmensa fortuna desarrollando múltiples y variadas actividades. Comerciante, estanciero, empresario, funcionario, consejero y benefactor.

En 1829 se estableció como consignatario de ultramar de la Universidad y en 1831 se le encomendó el arreglo de los negocios del Banco de la Provincia de Buenos Aires, del que fue nombrado director, cargo similar que ocupó en el organismo de Crédito Público Nacional. En 1854 fundó la Bolsa de Comercio, de la que fue presidente. En 1859 fundó junto a otros socios la “Compañía Argentina de Seguros” y “La Estrella Cía. de Seguros”.

El 12 de agosto de 1863 el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires acepta por decreto una propuesta para la construcción del ferrocarril del Sur, que lleva al pie la firma de Don Tomás Armstrong, Federico Elortondo, Martín Lezica, entre otros.  Con los señores Rubio y Faley construye la prolongación del ferrocarril del Oeste hasta Luján, y en 1865 es nombrado Director de la Empresa del Ferrocarril Central Argentino en Buenos Aires en reemplazo de Guillermo Wheelwright, haciéndose cargo de la prolongación de la obra hasta Córdoba. En su homenaje se nombró la estación ferroviaria de la actual localidad de Wheelwright en la Provincia de Santa Fe.
Era el propietario de una gran extensión de campo en la zona sur de Santa Fe, abarcando los distritos de Elortondo, Carmen, Venado Tuerto, Firmat, Chabás y Melincué (incluida la laguna). Donó una legua cuadrada de terreno para la construcción del pueblo.

Fue funcionario nacional, actuando como consejero de la administración de los gobiernos desde Martín Rodríguez hasta la presidencia de Nicolás Avellaneda.

Su firma está estampada como socio fundador del “Club de Residentes Extranjeros en Buenos Aires”.

Si bien pertenecía a la Iglesia Reformadora de Inglaterra (High Church of England), a todos sus hijos los educó en la religión católica, y además protegía y auxiliaba generalmente a la colonia católica irlandesa muy numerosa por entonces, merced a la actividad desplegada por el Padre Antonio Fahy, a quien ayudó económicamente para la concreción de sus obras de bien.

Don Tomás Armstrong falleció en la ciudad de Buenos Aires el 09 de junio de 1875 y sus restos descansan en el panteón de la Escuela Santo Tomás de Aquino, de González Catán, en la Provincia de Buenos Aires. Su esposa falleció el 18 de enero de 1878 a la edad de ochenta años.


Padre Antonio Fahy
* ../../…. + 10/02/1871

El Padre Antonio Fahy nació en Longhrea, Condado de Galway, Provincia de Connanght, Irlanda. Cursó sus estudios eclesiásticos en el convento de San Clemente de la orden de los frailes Dominicos en Roma, donde se ordenó sacerdote. Luego de una misión en los Estados Unidos, donde permaneció durante diez años en Ohio y Kentucky y a pedido de la Sociedad Católica Irlandesa presidida por el señor Santiago Kiernan, fue enviado a la Argentina, donde arribó a Buenos Aires el 11 de enero de 1844.

“Su nombre” –citando palabras del historiador Miguel A. Mulhall- “estará siempre ligado a los irlandeses de la Argentina”. El Padre Antonio Fahy era un hombre de físico enérgico, alto y distinguido, de una elevada cultura intelectual y de una personalidad muy carismática. Enseguida, después de su llegada, entabló una excelente relación con políticos y eclesiásticos. Vivió y murió en la pobreza apostólica. Los gastos para su entierro y algunas pequeñas deudas, fueron costeados mediante el aporte de algunos de sus amigos. En el año 1865 se reunieron mil libras esterlinas para hacerle un presente, suma que entregó íntegramente al Hospital Irlandés. Consideraba que con un saco y lo mínimo necesario para el sustento diario, era suficiente.

Cuando llegó a la Argentina, los irlandeses ya se hallaban esparcidos en las extensas  llanuras de la Provincia de Buenos Aires, lo que exigía una ardua labor. Según la tradición del sacerdote irlandés, era necesario mantener el contacto personal con sus feligreses.  Fijó su residencia en la ciudad de Buenos Aires, y mediante un convenio con la Tercera Orden de San Francisco, utilizó la iglesia de San Roque para los oficios religiosos de la comunidad irlandesa. Este acuerdo duró treinta años. También atendía en la Iglesia de la Merced.
Siempre buscaba en el puerto al pariente, al amigo o desconocido cuyo nombre le había sido como referencia desde Irlanda, para ayudarlo a encontrarse con los suyos. Muchas veces alojaba en los pensionados que sus compatriotas mantenían en Buenos Aires y que servían de primera escala en el camino del inmigrante hacia su lugar definitivo. 
Recorre a caballo grandes distancias para visitar a sus feligreses y ofrecerles sus servicios espirituales, acondicionando improvisadas iglesias en ranchos o estancias y logrando que los inmigrantes lo convirtieran en el organizador de la comunidad.

McCann,  dice en sus relatos que conoció al Padre Antonio Fahy en la casa de Mister Hardy, cuando andaba de gira pastoral. “Con él pasamos momentos muy agradables –escribe- Fahy es una persona indispensable para sus compatriotas en estas tierras, no solamente porque debe cumplir sus deberes de ministerio espiritual, sino porque su experiencia le permite dar consejos muy provechosos en cuestiones puramente temporales”.

Con la llegada de los sacerdotes Michael Leahy y su hermano John, Samuel O’Reilly, Patrick Lynch y otros más a pedido del P. Fahy, que se convertirían en médicos, maestros y consejeros de familias irlandesas, formando un eje en el que girará toda la comunidad tanto en la ciudad como en el campo. 
Con anterioridad el P. Fahy había logrado concretar obras importantes, entre las que podemos rescatar la enfermería para inmigrantes, que luego se convirtió en hospital. Un convento para las Hermanas de la Misericordia Irlandesa; un orfanato para niñas y un colegio para varones. Para poder llevar a cabo estas obras el P. Fahy obtuvo unos terrenos en los alrededores de la ciudad (hoy Riobamba entre Tucumán y Viamonte). Personalmente se ocupó de aportar lo necesario para el sustento de estas obras, apelando a la caridad de los irlandeses más pudientes.

El Padre Antonio Fahy  murió el 20 de febrero de 1871, víctima de la fiebre amarilla. Sus restos se encuentran sepultados en el Cementerio de La Recoleta.


Mons. Juan A. Sheehy
* 25/09/1857 +04/10/1949

Hablar de Mons. Juan M. Sheehy es relatar la historia de los inmigrantes irlandeses de la ciudad de Rosario y del sur de la Provincia de Santa Fe. Fue uno de esos carismáticos capellanes que llegaron de Irlanda y se constituyeron en padres y pastores de nuestros antepasados.

Mons. Juan M. Sheehy nació en Clogheem, condado de Tipperary, Irlanda, el 25 de setiembre de 1857. Hijo de una familia de fe acendrada. Estudió en el St. John’s College y posteriormente en el seminario Irlandés de París (Irish College of Paris), donde recibió el presbiterado el 12 de junio de 1887. Respondiendo a las necesidades de la colectividad irlandesa en la Argentina, el Arzobispo de Dublín lo eligió para trasladarse a nuestras tierras, donde arribó el 13 de octubre de 1887. Le asignaron la zona sur de la Provincia de Santa Fe, donde se habían asentado muchos de sus compatriotas. Con celo infatigable recorrió la extensa zona de Maggiolo, Cafferata, Venado Tuerto, San Eduardo, entre otras tantas localidades, llevando la Palabra de Dios, los sacramentos y los consejos de su prudencia y sabiduría a las familias irlandesas de la región, a las que llegó a amar como propias. Estos conceptos fueron la expresión corriente de nuestros mayores que lo conocieron y supieron de su personalidad y de su hombría de bien. Don Diego Cavanagh, Presidente Honorario de la Comunidad Argentino Irlandesa de Venado Tuerto, fallecido en noviembre de 1999, fue uno de los últimos que lo recordaba, teniendo en cuenta que cuando Mons. Sheehy misionaba por estos pagos, él era un niño. 

En 1892 fundó la actual capilla San Patricio, sita en Avda. Salta de la ciudad de Rosario, para lo cual movilizó a toda su feligresía e hizo traer de Waterford la hermosa imagen de San

Patricio.  Posteriormente echa las bases de la Asociación Católica San Patricio, institución que hasta el día de hoy congrega a los descendientes de irlandeses de esa vasta zona santafesina. Una nota distintiva que lo caracterizó fue su amor por las misiones extranjeras y así fue uno de los sólidos sostenedores de la Obra de la Propagación de la Fe, en forma tal que S.S. Pío XII le concedió la distinción de “Prelado Doméstico”, en
reconocimiento a sus esfuerzos en este campo apostólico.

Mons. Sheehy falleció el 04 de octubre de 1949 a los 92 años, rodeado de la veneración de toda la Diócesis de Rosario y de la Comunidad Argentino Irlandesa del Sur de Santa Fe. Sus restos fueron sepultados en el Cementerio de Rosario hasta 25 de noviembre de 1984, oportunidad en que fueron trasladados y sepultados a la derecha del altar mayor de la Capilla San Patricio.

La ceremonia religiosa fue presidida por el señor Arzobispo de Rosario Mons. Jorge M. López, asistido por los PP. Ignacio Pieres, Carlos Costa e Ignacio Aparicio. Mons. López pronunció la homilía recordando la trayectoria de este noble y bien amado capellán Irlandés.




Elisa Brown
*1810 +  27/12/1827

1827 fue un año trágico para Guillermo Brown. El 27 de diciembre moría ahogada Elisa, su hija mayor, nacida en Inglaterra en 1810. Comprometida con el marino inglés Francis Drummond, supo de la muerte de éste en uno de los combates que se libraban con la escuadra brasileña. La tradición popular, propensa a lo romántico, cuenta que esto originó su muerte voluntaria, que habría ejecutado vestida con su atuendo de novia. La versión oficial manifestaba que fue con su hermano a darse un baño entre las toscas para combatir el calor y que cayó en un pozo, encontrando así la muerte. El British Packet, en su edición del 05 de enero de 1828, daba cuenta del solemne funeral de Elisa. “Fue un espectáculo impresionante – decía -. Casi cuarenta carruajes siguieron el coche fúnebre, que conducía los restos de un ser tan joven y amable a su última morada”. Asistieron ministros, entre ellos el de marina, Irigoyen –quien había dado al padre la desgraciada noticia -, los representantes extranjeros, “hijos del país”, británicos, norteamericanos y amigos de la familia.
La madre de la infortunada muchacha merece ser destacada por su atrayente personalidad., En efecto, Isabel Chitty de Brown, nacida en 1787 en Inglaterra, pertenecía a una familia de marinos y armadores. Se casó con Brown en 1809 y en su casa materna tuvo a sus hijos mayores Elisa y Guillermo. Ya en 1813 el marino había comprado la quinta de Barracas conocida como Casa Amarilla -la actual es una réplica- y comerciaba en las dos orillas, ejerciendo también el corso contra los realistas de Montevideo. Trajo a la familia y Elizabeth, la esposa, se ocupó de los asuntos del marido, no solamente cuando estaba embarcado, sino en otros períodos. En los momentos difíciles también supo manejar los problemas, Representó a Brown en Londres en los juicios que allá tuvo hasta que pudo volver en 1823 a Buenos Aires con su familia, no para gozar de la tranquilidad ganada, sino para vivir los sobresaltos de la guerra con el Brasil, en la que Brown tuvo un lugar preponderando. Vendió un campo que había recibido el marido por sus servicios al país para costear el mausoleo de su hija en la Recoleta. Esta luchadora e inteligente mujer murió en 1868 y fue sepultada en el Cementerio de los Ingleses, que existió donde hoy está la Plaza 1º de Mayo.


John James Murphy

*1822 + 13/07/1909

La localidad de Murphy se encuentra en la República Argentina, en el Departamento General López de la Provincia de Santa Fe, distante 150 km de la ciudad de Rosario y 18 km de Venado Tuerto. Su ubicación está a 33º37’60S y 61º52’W, y a 99 metros sobre el nivel del mar. Tiene alrededor de 4.000 habitantes (según censo de 1989) mayoritariamente dedicados a la agricultura y donde se realiza el más importante festival de teatro amateur del país, que en 2001 congregó más de 14.400 aficionados. (6)

El pueblo lleva el nombre de JOHN JAMES MURPHY, nacido en 1822 en Hayesland, Kilrane, Condado de Wexford, hijo de Nicholas Murphy y Katherine Sinnott. A los 22 años, era un muchacho alto, delgado y muy buen mozo. Junto con sus primos John y Lawrence Murphy y sus amigos John O’Connor, Nicholas Kavanagh, Thomas Sanders, James Pender, Patrick Howlin y otros, emigraron a la Argentina. Antes de partir, John le prometió a su madre que cuando juntara 100 Libras volvería para verla. (10) 

El 13 de abril de 1844, dejaron su casa en Kilrane, posiblemente en un coche “Bianconi” hasta Wexford, distante 19 km. Después de Wexford Quay a Fishguard, Pembroke (Inglaterra), y desde allí en una diligencia hasta Liverpool. Gastaron una pequeña fortuna de alrededor de 16 Libras por cada pasaje a Sur América en el bergantín William Peele (16 Libras representaba entonces más de lo que podían ganar en un año). El 21 de abril, con otros 115 emigrantes irlandeses a bordo, el William Peele levó anclas en Liverpool comandada por el Capitán Sprott, y el  13 de mayo pasó por Saint Jago (islas de Cabo Verde). A causa de los vientos en calma,  permaneció en medio del océano durante tres semanas. (10). Después de cruzar el océano, es posible que haya hecho este recorrido: Pernambuco, Bahía y Río de Janeiro, para llegar finalmente al Río de la Plata el martes 25 de junio de 1844. Estas espléndidas tierras y la valiente travesía que acababan de realizar, inspiraron al maestro Walter Mac Cormack para escribir su poema épico (más bien chauvinista) “The Kilrane Boys” (Los muchachos de Kilrane). Pero por esos días la situación en el Río de la Plata no era tan brillante. Rosas estaba gobernando su segundo período, Montevideo estaba sitiado por Oribe y las fuerzas Francesas y británicas bloqueaban Buenos Aires.

John desembarcó con una Libra en sus bolsillos. Cuando dejó Irlanda, ‘era debido principalmente al trato que los soldados Británicos le daban a los Católicos; todos tenían que jurar lealtad al trono de Inglaterra y renunciar a su religión, de lo contrario eran despojados de sus bienes, de manera que no había granja o negocio que pudiera prosperar  bajo semejante régimen’. (10) Una vez en la Argentina, John tomó ventaja con su ciudadanía británica y su origen irlandés, que lo llevaron a contactarse con los comerciantes ingleses y los sacerdotes irlandeses en Buenos Aires. De esta manera, ‘se fue a trabajar cerca de Chascomús con una muy conocida familia argentina, que jamás le pagó un centavo por cavar zanjas. En aquellos tiempos no se conocían los alambrados, de manera que las  ovejas eran cercadas entre los vecinos por estas trincheras profundas.  Ese fue su primer trabajo en la Argentina’. (10) También trabajó durante once años en Chacabuco como acopiador de granos y criador de ovejas, por entonces un negocio que daba buenos dividendos.

Alrededor de 1855 ya era un “estanciero” en Rojas y Salto. El 27 de mayo de 1867 contrajo matrimonio con Ellen Roche. Tres años antes, Elizabeth Roche, hermana de Ellen, había contraído matrimonio con William Murphy, hermano de John. Una tercera hermana, Maggie Roche, se casó con otro pionero del sur de Santa Fe: James De Renzi Brett, quien más tarde compraría sus propias tierras (1)Mis familiares tenían la intención de casarse en la Iglesia de la Merced. Por aquellos días, todos los irlandeses se casaban allí, y por supuesto, siempre con un cura irlandés, pero en esos días se desató la epidemia del cólera en Buenos Aires, de manera que se casaron en Salto en mayo de 1867 oficiando el Padre John Large Leahy. Mi padre, sabiamente, dispuso que nadie debiera acercarse a la ciudad. (10)  Durante la época de Rosas y por un tiempo después, los hombres del ejército y la policía ‘eran tan brutos y salvajes, que el Ministro Inglés,  a quien Rosas le tenía terror, ordenó a todos los súbditos británicos que izaran la bandera inglesa en sus estancias, y eso fue lo que hizo mi padre’. (10)

En 1869, John Murphy era dueño de dos estancias: “La Flor del Uncalito” en Salto y “La Caldera” en Rojas.  Fue el primer propietario en el Norte de Buenos Aires que alambró sus campos. Cuando Newton alambró su quinta, ‘esto le dio la idea a mi padre de alambrar todo el campo. La gente decía que estaba loco. Después de seis meses se fueron a trabajar a Salto’. (10) Veinte años más tarde, los palos de ñandubay y el grueso alambrado que usó para evitar la pérdida de las ovejas y para parar los malones, todavía estaban en pie en el establecimiento de Salto. ‘Trabajó como un esclavo, noche y día y cuando se juntó con un poco de dinero, alquiló un pedazo de campo en la frontera india; las tierras en esos lugares eran más baratas y los indios estaban prácticamente encima.  Durante estos años, viviendo solo en una choza construida por él se enfermó de viruela; una vecina criolla le traía todas las mañanas una jarra de agua fresca e higienizaba lo que había que higienizar. Este fue todo el cuidado que tuvo durante esa terrible enfermedad’. Años más tarde cuando visitó a su madre en Kilrane, cuando entró a la casa ‘ella creyó que era un extraño; recién cuando habló reconoció a su lindo John y lo único que hizo fue llorar y llorar. Estaba tan desfigurado después de la viruela’. (10) John trabajó mucho y mereció tener suerte. Se ocupó de sus ovejas día y noche ‘durmiendo muy poco, dado que tenía que salir en cualquier momento, apenas oía el balido de las ovejas, que estaban mezcladas con las del vecindario. No soportaba la idea de perder ni un solo corderito. En 1859 tuvieron un  año muy malo, no llovió durante varios meses (...) Mi padre salvó a sus ovejas tirando baldes de agua continuamente sobre el terreno reseco para que las ovejas pudieran comer las raíces que encontraban. Hizo este trabajo día y noche para que pudieran sobrevivir. Apenas lo veían, las ovejas se le venían encima...’ (10)

‘Para las mujeres la vida en el campo fue muy dura. Era más seguro tener los hijos en casa, aún con el peligro de perder alguno de ellos. Los doctores no existían más allá del centro de Buenos Aires, y la mayoría de ellos sin diplomas. Cuando había que hacer las compras, John iba a caballo o en un carro al pueblo de Salto donde hacía las compras para nosotros y los vecinos, porque decían que él tenía mejor gusto y mejor memoria que sus maridos. Mi madre cosía toda la ropa, camisas, pantalones, todo. Si mi padre gastaba más de lo que había llevado, el criollo le respondía: “no necesitamos su firma Don Juan, basta con la palabra del inglés” (10)

En 1878, John regresó a Irlanda con su familia. Siendo el hermano mayor, siempre tuvo la idea de retornar definitivamente para hacerse cargo de la granja familiar. El asunto es que dos de sus hijos fallecieron allí, Catalina (Kitty) y Martin y otro hijo, Nicolás, nació en Mount Julia, en el Condado de Wexford. Kitty, ‘una adorable criatura de diez años, de cabellos dorados y muy alegre’ murió de escarlatina. ‘En estos años, la escarlatina era fatal. Nadie se atrevía a acercarse por temor al contagio. Los demás niños fueron enviados a Haysland, el antiguo hogar de mi padre, donde vivían una hermana y un hermano inválido. Ella y los niños fueron a ver pasar el cortejo fúnebre cuando iba a la iglesia de Kilrane. Mi madre dijo que se le partió el corazón cuando vio a los tres pequeños mirando el funeral a orillas del camino, sin saber que era su pequeña hermana la que sepultaban. Esto fue muy fuerte para mis padres. Entonces mi padre dijo: “Me voy para no volver: la Argentina jamás me trató de esta manera.” Nunca abandonó la Argentina otra vez’. (10) Estos tristes episodios y la real pobreza económica de Irlanda, convencieron a la familia de volver al Río de la Plata.

Retornaron a la Argentina en enero de 1882. En condiciones más favorables tras el desplazamiento de los indígenas, el 15 de marzo de 1883 Murphy le compró a Don Eduardo Casey ocho leguas de campo flor (18.600 hectáreas, 46.000 acres) en el sur de la Provincia de Santa Fe, una de las mejores regiones de las pampas. (4)

Con la ayuda de familiares y amigos se instaló en la zona y comenzó a alambrar el campo, construyó puestos y plantó árboles en su nueva estancia que llamó “San Juan” (2) Todas las deudas que contrajo para instalar esta estancia, las terminó de pagar el año antes de morir. ‘Su ambición era morir libre de deudas (...) Su estancia en Rojas había sido pagada mucho tiempo antes, también el campo que compró en Salto’. (10)

A fines del siglo XIX la cría de ovejas había comenzado declinar y a ser reemplazada por ganado vacuno, y más tarde por la agricultura. Entonces arrendó sus campos a chacareros italianos, los que se dedicaron mayoritariamente a la siembra de cereales (maíz, trigo). El 13 de julio de 1909, John Murphy falleció en su casa de Almagro (Rivadavia 4191) a la edad de 87 años, dejando una numerosa familia y una considerable fortuna. ‘Lo atacó un fuerte resfrío que derivó en una bronquitis y después en una bronconeumonía y falleció cinco días después sin sufrimientos, gracias a Dios. Había gastado 65 años de su vida trabajando y vivió para ver su ambición hecha realidad: dejarnos sin deudas’. (10)

John James Murphy fue sepultado en el Cementerio de La Recoleta, en el corazón de Buenos Aires en un austero monumento con una Cruz Celta.
La mayor parte de los campos en Santa Fe fueron vendidos a colonos, algunos de los cuales fueron desalojados por su hija Elisa Murphy de Gahan (8), a la sazón viviendo en Inglaterra, de manera que eso nos hace recordar  los desalojos que se hacían durante la gran hambruna irlandesa justo antes del siglo XIX. De todas maneras, sus descendientes sostienen que ‘cuando ella murió en 1964, dejó sus propiedades para que fueran divididas entre sus ocho hijos o sus herederos, quienes consideraron que debían venderse para  repartirlas. Desgraciadamente la mayor parte estaba arrendada (...) a unos inmigrantes franceses que tenían los campos completamente abandonados. Por ejemplo, todos los molinos estaban fuera de servicio, lo que indicaba que no podían trabajarse inmediatamente, esto significó que recién se pudieron vender seis años después de su muerte y a un precio muy bajo.  Ella vivió en Inglaterra durante los años que mediaron entre las dos guerras mundiales (...) ‘Cuando falleció su marido regresó a la Argentina, en tanto viviendo en el Alvear Palace Hotel en Buenos Aires. (...) Sería una gran falsedad decir que fue responsable por los desalojos que se produjeron después de su muerte, y en todo caso fue lo que los arrendatarios merecieron en la circunstancia (...) La administración y las ventas estuvieron a cargo de la firma Bullrich’ (9). Las fuentes informantes coincidieron en que efectivamente hubo desalojos. Si fueron justificados o no y si la responsabilidad fue de los Murphy o sus administradores, es un acontecimiento desafortunado que revela la negativa que tienen de “los ingleses” y su Pampa Gringa, los nuevos inmigrantes que llegaron a la región.




Madame Lynch
* ../../1833 + 25/07/1886

Nació en la ciudad de Cork (Irlanda) en 1833 en el seno de una familia honorable y pudiente. Injuriada o ensalzada hasta el heroísmo, la figura de Elisa Alicia Lynch ha pasado a la historia de América sin tonos menores, porque su destino fue, al fin de cuentas, participar en la epopeya de del pueblo americano.

A los 17 años se casó con el Dr. Javier de Quatrafages, un alto funcionario francés con quien vivió tres años en París y en Argelia. Separada de su esposo se fue a vivir a París con su madre y una familia amiga de Dublín. Allí conoció al joven general Francisco Solano López, que había llegado a Francia en 1854.

Sobre las circunstancias de su primer encuentro todo lo que se sabe es novela y leyenda, pero no historia. Madame Lynch se defendió una vez de quienes dieron su propia versión sobre su pasado. “Los que se han empeñado en presentarme como una mujer de mala vida en París –escribió- se encuentran descubiertos ante la evidencia de lo que dejo referido, porque falta materialmente el tiempo para que yo haya podido entregarme a esa vida licenciosa que se ha pretendido atribuirme...”

En París se inició el romance con López que tendría fin quince años después, en Cerro Corá. En 1855 nació el primer hijo, Francisco Solano. El 6 de agosto de 1856, Corina Adelaida, que murió el 14 de febrero del año siguiente. Después vinieron Enrique Venancio, Carlos Honorio, Federico Lloyd y Leopoldo, este último muerto en alta mar en 1870, cuando regresaba a Europa con su madre.

Durante la guerra de la Triple Alianza, Elisa Alicia Lynch no sólo acompañó al mariscal López en toda la ruda y larga campaña, sino que realizó trabajos de cirujana en los hospitales de sangre. Se recuerda así su labor de enfermera en la sangrienta batalla de Pykysyry. El 1º de marzo de 1870, en la trágica jornada en que fueron muertos el mariscal López y su hijo mayor Francisco (que había salido espada en mano para defender a su madre), madame Lynch cavó con sus manos, ayudada por sus hijos, las fosas destinadas a sus seres queridos.

Al término de la guerra, el gobierno surgido en Asunción la acusó de haber llevado consigo grandes riquezas materiales, que fue desmentido por el inventario que hicieron oficiales brasileños sobre los objetos hallados en su carruaje el día de la muerte del mariscal López. Para el ministro estadounidense en Asunción, coronel Mac Mahon, madame Lynch fue víctima de la prensa de Buenos Aires, que le echó en cara “toda suerte de inmoralidades”.
Según Carlos Guido Spano, fue una heroína, que llegó con su compañero hasta la tumba e hizo cuanto le fue dado hacer, con una energía asombrosa. “Fue una gran mujer, hermosa y muy inteligente” – dice el poeta porteño- “Cuando se dirigió al Paraguay, antes de la guerra, fue aquí muy agasajada por nuestra sociedad. Después, terminada la tragedia, pasó otra vez por Buenos Aires en medio de la mayor indiferencia de todos. Yo fui el único que la visitó”. Roberto Cunninghame Graham recuerda: “La vi varias veces en Londres, en 1873 o 1874, subiendo a su carruaje en la casa que ocupaba. Todavía se conservaba buena moza y muy distinguida...”. En los últimos años madame Lynch vivió en París, en el Boulevard Pereire 54, donde murió el 25 de julio de 1886. Sus restos fueron llevados dos días después a un panteón del cementerio de Pere Lechaise. Sus cenizas se conservan actualmente en una urna en el Museo Militar de Asunción del Paraguay.



Roberto Lorenzo Cavanagh Hearne
*  .../../1914 +  15/09/2002

El domingo 15 de setiembre de 2002 falleció en su Estancia “El Quirquincho” en la Provincia de Santa Fe,  Don Roberto Lorenzo Cavanagh, a los 87 años. Sus restos recibieron sepultura en el Cementerio Parque Otoñal de Venado Tuerto, con el acompañamiento de familiares, amigos y admiradores.

El abuelo de Don Roberto, Edward Cavanagh, llegó a la Argentina en el año 1851 y se estableció en Arrecifes, donde contrajo matrimonio con Margarita Gaynor, y sus padres Santiago Pablo Cavanagh Gaynor y Catalina Lucía Hearne Browne contrajeron matrimonio en 1904 y se establecieron en la Provincia de Santa Fe, haciéndose cargo de la estancia “El Quirquincho” a fines del año 1908. Don Roberto era en el orden familiar, el octavo de los once hijos.

 El 05 de mayo de 1939 Don Roberto contrajo matrimonio con Lucrecia Rowell y tuvieron cinco hijos: Susan, Lucy, Roberto, Santiago y Charles.

Amante de la equitación, desde niño se destacó en la práctica deportiva del polo, iniciándose alrededor de 1933, cuando integró junto a Juan Murphy Kenny y sus hermanos Edmundo y Juan,  el equipo de cadetes que obtuvo  cinco triunfos sobre seis partidos jugados en la Provincia de Salta.

En los Juegos Olímpicos disputados en Berlín en 1936,  la Argentina participó con un equipo integrado por Luis Duggan, Andrés Gazzotti y el gran maestro Manuel Andrada; el cuarteto se completó con Roberto Lorenzo Cavanagh, “el benjamín”  de apenas 21 años. Entonces la Argentina obtuvo el título máximo, ganándole a Inglaterra por 11 a 0.

Con el tiempo se fueron creando nuevos estilos y estrategias de juego. “La Nación”, recordando aquellos años,  publicó el 22/04/93 un artículo que decía entre otros conceptos: “… y llegó el gran clásico,  surgió antes “El Trébol”, campeón desde 1939 hasta 1943, con Luis y Carlos Menditeguy. Después apareció Venado Tuerto ‘la sombra’  (1944, 1946 a 1950 y 1955) con un  equipo integrado por los primos Juan y Roberto Cavanagh y los hermanos Enrique y Juan Carlos Alberdi. Una época inmortal del polo argentino”.

Efectivamente, como lo reflejó en ese artículo “La Nación”, en el mes de abril de 1943 en Los Ángeles, California, se jugó extraoficialmente el campeonato mundial y la Argentina obtuvo el título máximo. En el mes de diciembre de ese mismo año, y en el marco oficial de la competencia, los argentinos volvieron a imponerse venciendo en la final a los Estados Unidos por 11 a 5. Y en 1951 ganaron los Primeros Juegos Panamericanos y la Copa América de Polo.

En 1996 las autoridades municipales de Venado Tuerto rindieron homenaje a estos caballeros del deporte, identificando las calles que circundan el “Venado Tuerto Polo & Athletic Club” con sus nombres. Este sencillo acto tuvo toques emotivos, especialmente para los amantes del deporte,  porque se homenajeaba en vida a quienes merced al esfuerzo personal, habían logrado silenciosamente conquistar campeonatos mundiales, llevando a todo el orbe la imagen que nos “agranda” a los argentinos, la del deportista limpio y disciplinado, la del caballero noble y aguerrido.

Después de más de medio siglo de aquellas hazañas deportivas, -dice el documento municipal- hoy se los recuerda con el mismo espíritu de entonces y con un arraigado afecto nostaligioso. Porque estos campeones, han dejado de pertenecer al exclusivo patrimonio de los venadenses, para convertirse en figuras destacadas del deporte nacional. Sin embargo, ellos siguen siendo los mismos hombres  de las canchas de polo; las mismas personas de bien que llevan siempre a cuestas la sencillez que sobresale en la cotidianidad de sus vidas.  Es que ellos son y seguirán siendo así, como los grandes.

La Comunidad Argentino Irlandesa de Venado Tuerto rinde su homenaje a don Roberto Lorenzo Cavanagh y hace llegar a su esposa, hijos, nietos y biznietos, sus más sentidas condolencias.  La  imagen de su personalidad permanecerá en el corazón de cada uno de los venadenses, porque ya es parte de la historia de “la pequeña pampa irlandesa” que forjaron sus ancestros y a la que él se entregó totalmente. 


Rvdo. Padre José Tomás Maxwell

* 19/03/1893 + 03/01/1963
  
El Padre José Tomás Maxwell nació en Venado Tuerto el 19 de marzo de 1893, hijo de Patricio Maxwell (irlandés) y de Anita Gardiner.

Salió un día de Venado Tuerto rumbo a Santa Fe a cursar estudios eclesiásticos en el Seminario de Guadalupe, del que sería más tarde su rector, para celebrar su primera Misa en  la Navidad de 1916.

Fue Monseñor Juan Agustín Boneo quien le confiriera el orden del presbiterado el 23 de diciembre de 1916, para designarlo el 17 de enero de 1926 Cura Párroco de Venado Tuerto.

Inmediatamente se abocó al ensanchamiento del templo, agregándole las dos naves y altares laterales, además del camarín de la Virgen de Luján y la sacristía. También se eleva la torre tres metros   y se coloca un costoso reloj carillón de cuatro cuadrantes. Por carecer de sello de fabricación, se presume que fue traído de Francia. Terminada la ampliación, se procedió al revestimiento y decorado exterior con molduras de estilo gótico  florido y algunos elementos barrocos, como por ejemplo al cabeza de los ángeles en los vértices de las lanzas, abiertos donde se encuentran las campanas. También se agregaron las dos puertas laterales.

Su padre, donó el altar en honor a San Patricio, obra escultórica labrada en madera que fue restaurada con motivo del centenario del edificio de la actual Catedral. Para realizar las obras y el enriquecimiento artístico de la parroquia, invirtió sus  bienes personales, que por herencia familiar de buena posición económica, le correspondió. 

El P. Maxwell se caracterizaba por su dinamismo. Era infatigable en los recorridos de su parroquia; desde el tugurio más humilde hasta la casa más señorial, trato era el mismo, siempre con las manos llenas de bien. Lo mismo puede decirse de sus recorridos a los pueblos vecinos, donde atendía a la feligresía carente de sacerdote.

Fundador de la revista "El mejor amigo", la que posteriormente se llamó "La Voz del Sur". Era una revista de orientación cristiana que mantenía informada a la comunidad de todas las actividades parroquiales.

En el año 1932 el Obispo de Santa Fe, Mons. Nicolás Fasolino lo nombró Inspector de Parroquias, con sede en la ciudad de Santa Fe, hasta 1934 en que comenzó su Rectorado en el Seminario de Guadalupe y el 26 de noviembre de 1939 se hizo cargo de la parroquia San Carlos Borromeo de la ciudad de Santa Fe.

En el año 1949 impulsó la obra de embellecimiento del templo a cargo del artista Cayetano Flores, obra que aún asombra a los visitantes.

En 1958, acompañado por un grupo de la Acción Católica, fundó el Centro de Dadores de Sangre Voluntarios y al año siguiente gestionó la compra de una ambulancia con el apoyo del pueblo y gobierno.

En 1960, con la colaboración del Club de Leones de San Carlos, comenzó una vieja y ansiada aspiración: el revoque de la torre de la iglesia que finalizó en 1962.

El Padre José Tomás Maxwell falleció el 1º de enero de 1963.

El 1º de enero de 2002, terminada la Misa en el templo San Carlos Borromeo, se desarrolló una breve y sencilla ceremonia del descubrimiento y bendición de una placa y  busto a cargo del Pbro. Juan José Botta, en memoria del Padre José Tomás Maxwell, cuyos restos descansan en el atrio de la Iglesia Parroquial.

Después de los discursos y actos protocolares, se dio lectura al párrafo final de un sermón del P.Maxwell, pronunciado en el año 1933, al cumplirse el cincuentenario de la fundación de Venado Tuerto:

"Negros nubarrones se ciernen sobre el cielo azul de nuestra patria, tradiciones, principios disolventes, doctrinas malsanas, ideas deletéreas cunden por doquier; quitando a Dios del corazón de la niñez, destruyendo a la familia con la implantación del divorcio que nos amenaza... Nos narra la leyenda que allá en un rincón de Francia, hallándose un niño postrado en el lecho del dolor, a quien el médico había visitado repetidas veces. Una tarde en que llega el médico, ve con asombro, a una niña encaramada en un árbol. Su extraña actitud despertó la curiosidad del médico y acercándose a ella le preguntó qué es lo que hacía y ella le contestó: usted doctor, dijo a mi mamá que cuando cayeran las hojas del árbol mi hermanito moriría y yo las estoy sosteniendo para que no se caigan".

Señores, las hojas del árbol de nuestra patria están por caer; unámonos todos para sostenerlas siempre fuertes, siempre vigorosas, siempre lozanas, siempre verdes.

Toma, ¡Oh Señor! en tus manos el timón de nuestro pueblo y condúcelo por la senda luminosa de la gloria..."

La Voz de la Región 10/01/2002
Gentileza de José R. Iturbide



Dr. Tomás Brendan Kenny
* 23/07/1883 +12/11/1940

El Dr. Tomás Brendan Kenny nació en Salto Argentino (Provincia de Buenos Aires) el 23 de julio de 1883. Desde temprana edad se distinguió como estudiante y entusiasta deportista. Inclinado vocacionalmente hacia la medicina, obtuvo el título de médico en la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires (1909), especializándose en cirugía. Inició su carrera en el Hospital Británico, y al año siguiente ascendió a Médico Agregado al Servicio de Cirugía del entonces Hospital San Roque, vinculándose definitivamente a la calificada y activa cirugía de los hospitales Municipales.

Mientras tanto, realizó viajes de estudio en forma ininterrumpida desde el año 1914. En 1925 se le confirió el cargo de Jefe de Cirugía del Hospital Álvarez.

El Dr. Carlos I. Allende, en la revista “Medicina y Ciencias Afines” escribe -entre otros conceptos- que fue un cirujano hábil y de vasta erudición, que por modesta naturaleza jamás ostentaba. Sin embargo, aunque él lo deseara, no pudo pasar inadvertido, porque sus reconocidas dotes quirúrgicas y científicas se revelaban ya en 1917 a través de su tesis de profesorado “Diagnóstico de los tumores de los huesos largos”, que le permitió vincularse a la Cátedra de Clínica Quirúrgica desempeñadas hasta 1938, año en que fue designado Profesor Extraordinario de la Facultad de Medicina.

El Dr. Tomás Brendan Kenny era un hombre de grandes condiciones humanas. Su cualidad de “buena persona” fue puesta de manifiesto en muchas ocasiones, pero fue durante su actuación en el Hospital Dr. Alejandro Gutiérrez de Venado Tuerto donde se pusieron de manifiesto esas calidades humanas tantas veces reclamadas a los profesionales de la medicina. Muchas fueron las ocasiones en que, después de viajar largas horas desde la Capital Federal, debió tomar el bisturí y operar de urgencia a algún paciente internado. En reconocimiento a su noble tarea en este nosocomio, una de las salas lleva su nombre.

El Profesor Alejandro Ceballos manifestó que “muchas veces lo hemos visto con sin igual elegancia, renunciar a tentadores beneficios, prefiriendo pasar sus mañanas operando a los enfermos más pobres que más necesitaban de su abnegada atención...”

De carácter cordial, noble y generoso. La sabiduría que extrajo de los libros la completó con su inteligencia sagaz y la empleó con caridad cristiana en la asistencia a los enfermos. Honesto, bondadoso y comprensivo. Aunque de personalidad exuberante, tenía la virtud de crear raíces profundas en el afecto y la estimación de la gente. Siempre preocupado por sus enfermos; no dudaba en gastar su sueldo para ayudar al paciente necesitado. Irradiaba especial cariño fraternal para con los niños. En cuanto al trato con sus subordinados era siempre afable, mesurado y suave, aun cuando se trataran temas urticantes. Estos fueron los rasgos que definieron al  hombre-médico, que hizo de su profesión un sacerdocio, practicando el bien por el bien mismo.

Otro reconocido profesional de su época, el Dr. Rodríguez Egaña lo describió como “...un hombre ecuánime, justo, tolerante y comprensivo, pero por sobre todo y fundamentalmente, bueno...No sabía de rencores e ignoraba la malicia... Franco, abierto, sincero, leal...” 

Para matizar la intensa actividad científica que desarrollaba, practicaba su deporte favorito “el polo”. Conocía muy bien el juego y como buen jinete, los caballos no tenían secretos para él. Nació y vivió en el campo, por lo tanto era natural que conociera y gustara de la actividad rural, a la que dedicó parte de su vida.

Su actividad social lo cuenta como integrante del “Venado Tuerto Athletic Polo Club” que presidió en algunos períodos y miembro activo de  la Asociación Argentina de Polo. Fundó la Sociedad Rural de Venado Tuerto, institución que le rinde homenaje de reconocimiento a través de un busto erigido en el predio ferial de la institución. 

El actual aeropuerto de la ciudad de Venado Tuerto lleva su nombre, en reconocimiento a la donación que hiciera su esposa y a los méritos del distinguido ciudadano. La propiedad fue recibida por las autoridades Municipales a través de la Ordenanza Nº 0801/73 de fecha 11/09/73, establece que la estación aérea se denominará: “Aeródromo Tomás Brendan Kenny” en mérito a los servicios prestados por el extinto esposo de la donante.

“Recuerden que hemos nacido para algo más elevado que para ser esclavos de nuestro cuerpo” (T.B.K.)

Hermanos Leahy

Pbro. Large Michael Leahy
* 03/05/1840 + 01/06/1884

El P. Large Michael Leahy había nacido en Co. Cork el 3 de mayo de 1840 y  cursó sus estudios en el Colegio de All Hallows, donde fue consagrado sacerdote el 30 de noviembre de 1862. Antes de ingresar al seminario se ofreció viajar a la lejana Argentina para servir a sus compatriotas exiliados, razón por la que el  Padre Antonio Fahy se hizo cargo del costo de sus estudios.
Cuando llegó a Buenos Aires, durante unos meses asistió al P. Fahy hasta que fue designado capellán en la zona, cuya cabecera era el “Fortín de Areco”, hoy Carmen de Areco. El área de la que se responsabilizó, estaba comprendida por los partidos de San Nicolás, San Pedro, Arrecifes, Carmen de Areco, Chacabuco, Salto, Rojas y Pergamino, hasta la creación de otra capellanía en 1869 cuyo centro era San Pedro. Allí fue designado el Padre Edmundo Flannery y comprendía San Nicolás, Pergamino y Arrecifes.

En su edición del 25 de mayo de 1984 “The Southern Cross”, al recordar los cien años del fallecimiento del Padre Leahy hacía una reseña de su vida y decía que no se necesitaba mucha imaginación para entender lo que en la práctica significó la capellanía a su cargo. Las distancias, los caminos (cuando los había) y los interminables galopes de una punta a la otra de este territorio tan grande como un país europeo. A fin de congregar a sus fieles dispersos por estas pampas de dios, el P. Leahy fue levantando capillas rurales -muchas ya no existen- donde en fechas fijas atendía las necesidades espirituales de sus irlandeses. Algunas de ellas fueron las de Santa María  en Chacabuco; Santa Brígida en Rojas; Santos Miguel y Mel (Santos Irlandeses) en el campo de Tomás Duggan, ahora distrito de San Patricio; la Santa María en campo de don Miguel Allen, conocida como Killallen, cerca de Castilla; la capilla de San Patricio  en campo de Tomás McGuirre, que sería el Monasterio san Pablo de los Padres Pasionistas.

Su actividad fue notable por lo creativo y completo. Adquirió una propiedad en Carmen de Areco y abrió en 1869 un colegio con capacidad para sesenta pensionistas y lo bautizó “Saint Brendan”. En varias de sus capillas estableció bibliotecas circulantes. Organizaba reuniones sociales, asambleas patrióticas, torneos deportivos. Fervoroso patriota, estimuló colectas para apoyar a sus connacionales tanto en sus hambres. Cuenta Mons. Ussher que a la muerte del Padre Fahy, convocó a una asamblea de irlandeses y propuso como mejor homenaje al venerado Patriarca el traer de Irlanda a los Hermanos Cristianos Irlandeses para establecer un colegio para los niños más necesitados y los huérfanos. Circunstancias ajenas a su voluntad hicieron que este altísimo objetivo nunca se concretase.

Cabe destacar en forma relevante la actitud del Padre Leahy durante el flagelo del cólera y luego de fiebre amarilla que azotó a Buenos Aires ente 1869 y 1871. En esos días vivió a caballo de un lado a otro asistiendo a enfermos y moribundos y enterrando a los muertos. De allí quedó su imagen a caballo con una pala atada al recado (the priest of the spade). Durante algunos años tuvo la eficaz ayuda de su hermano, el Padre John Baptist Leahy.

Quebrantada su salud, regresó a Irlanda en 1878, pero volvió al año sin haber podido restablecer sus fuerzas. Creyendo que un cambio de aire podría serle útil, a mediados de mayo de 1884 emprendió viaje hacia las provincias del Norte. Pero la muerte lo alcanzó lejos de todos los suyos, en “La Dormida” (ahora Tunuyán), el 1º de junio. Contaba tan sólo 44 años. Nueve años más tarde su feligresía trasladó sus restos a Carmen de Areco, donde descansan en el atrio de la Iglesia Parroquial.

Esta fue una síntesis de la vida de uno de esos formidables hombres de Dios que sirvieron a nuestros abuelos y los acompañaron en las duras horas de exilio y de la incorporación a su nueva Patria. Su nombre debe ser preservado y venerado, y no debemos permitir que los años vayan borrando su memoria ni que las nuevas generaciones desconozcan sus hazañas.

El Padre Federico J. Richards, C.P., autor de esta reseña publicada por “The Southern Cross” en su edición del 25 de mayo de 1984, dice que concluye esta sencilla memoria –extraída en gran parte de la obra de Mons. Ussher “Los Capellanes Irlandeses”- solicitando a la Federación de Sociedades Argentino Irlandesas que se lo recuerde a través de alguna manifestación comunitaria.

Nosotros también queremos preservar su recuerdo.

 El 12 de julio de 1884, es la fecha de una carta enviada al Editor de "The Southern Cross" Michael Dinnen por Thomas J. Leahy, en la que le relata la muerte de su hermano, el P. Large M. Leahy y que dice así:

            Querido amigo: cuando nos despedimos en la Estación Central en Buenos Aires, en viaje a Mendoza, tenía la esperanza de poder traer a mi hermano el P. Large de vuelta, aunque más no fuera para morir entre mis amigos, pero como usted ya sabe, Dios lo quiso de otra manera. El telegrama que le envié desde Rosario anunciando su muerte no le tomó a usted de sorpresa, ya que todos los amigos sabían que los días de mi hermano en este mundo estaban contados.

            El viaje de Buenos Aires a "La Dormida", donde falleció, es muy desagradable y capaz de probar al más fuerte -de Buenos Aires a Campana por ferrocarril, de Campana a Rosario por barco, de Rosario a La Paz por tren nocturno, de La Paz a La Dormida por coche. El 1º de junio partimos de La Paz para Mendoza, un viaje de dos días. Arribamos a la Dormida -a 25 leguas de Mendoza- se sintió débil, así que nos detuvimos en una posada junto al camino, donde, cinco horas más tarde fallecía, no sin antes ser ungido por los Santos Óleos por un sacerdote que viajaba con nosotros.

            Estuvo consciente hasta el final, y aunque sufrió mortal agonía, nunca se quejó. En verdad se preocupaba más por mi comodidad que por lo suyo. Sus últimas palabras fueron: "Tom, acuéstate, yo estoy bien". Y en verdad, mi pobre hermano estaba realmente bien, porque sin yo darme cuenta y mientras rezaba mis oraciones de la noche, entregó su alma pura al Maestro que había servido y obedecido desde su niñez. Cuando fui a arreglar su cama lo hallé muerto. Pensé en despertar a la gente de la casa, pero no pude; así que tuve la melancólica satisfacción de velarlo a lo largo de una interminable y triste noche. ¡Oh mi Dios, qué noche! - Sobre esa cama descansaba el cuerpo sin vida de mi querido hermano; allí yacía el sacerdote que, de saberlo, todo hombre, mujer y niño de sus muchas parroquias, llorarían amargamente, pues era su Soggart Aroon. Cerca de las once de la noche siguiente conseguí un féretro sencillo y una hora más tarde con la ayuda de algunos desconocidos, lo deposité en su tumba junto al Río Tunuyán. Mientras acomodaba la tierra sobre el sepulcro, mis pensamientos volaron, a pesar de mis oraciones, hacia el otro hermano sacerdote que despedí junto al Cabo ¨Finisterre y mis ojos llorosos se elevaron hacia el cielo. Rogué a Dios nos diera a mí y a los míos un lugar, más allá del horizonte, un lugar junto a ellos. Suyo fielmente: Thomas J. Leahy.

 Nota: La referencia al Cabo Finesterre recuerda el deceso del hermano del P. Large,  P. John Baptist Large también sacerdote que falleció y fue sepultado en alta mar.

APÉNDICE: El P. Large Michael Leahy era hermano  de THOMAS LEAHY que nació en Co. Kerry en 1848 y fue el primer irlandés que se radicó en Loreto (campo fiscal que compró Eduardo Casey en 1881). Thomas contrajo matrimonio con MARY NOONAN, irlandesa, nacida en 1858. Tuvieron once hijos: Tomás, Large Brendan, Juana, Sara, María, Brígida, Patricio José, Inés María, Cecilia, Ida y María.

El señor Carol Oscar Madelón, vecino de la localidad de Cafferata, hizo una reseña histórica del pueblo con motivo del centenario de su fundación (“1889 – Centenario de Cafferata – 1989”), y refiriéndose al edificio de la Iglesia, escribe:

“El 30 de agosto de 1918 se coloca la piedra fundamental, y el 30 de agosto de 1919 bendijo provisoriamente la Iglesia el Rvdo. Juan Manassero, siendo sus padrinos los señores Juan Cavanagh, Patricio Walsh, Tomás Moore, Ricardo Cavanagh, Santiago Casey, Tomás MacLoughlin, Large Leahy, Pablo Madelón, Matías Aguirre, Agustín D’Andrea, Jorge Pron, Felipe Priotti, Juan Brennan, Juan Couvert, Rosa Galice de Wheeler, Juana B. de Cutella y Regino López”. (Sic)



JOHN BOYLE O'REILLY
Patriota, poeta y campeón de las minorías,
fue un hombre de principios humanistas

A  partir del momento en que se comprometieron en la guerra de la Independencia, los irlandeses han jugado casi siempre un papel trascendente en los asuntos de los Estados Unidos. Decimos "casi siempre", porque es una verdad lamentable que algunos americanos de origen irlandés, que patrocinaban la causa de la libertad de su Madre Patria, ocasionalmente se opusieron u obstaculizaron la concesión de la totalidad de los derechos civiles a otras minorías étnicas en los Estados Unidos. Aún hoy, no todos los "irish americans" son campeones de la libertad.

Pero, por otro lado, Irlanda ha enriquecido a los Estados Unidos con algunos magníficos servidores de la humanidad. Siempre ha habido entre ellos apóstoles de la libertad, humanitarios o como se los quiera llamar. Quizá el ejemplo más brillante sea John Boyle O'Reilly, posiblemente el "Irish american" más distinguido del siglo XIX.

Mucho se ha escrito sobre este hombre singular. O'Reilly fue un hombre de sólidos principios y de un hermoso carácter. Nació en 1834, en Dwth, Condado de Meath, donde su padre ejercía el magisterio y comenzó su carrera como periodista en Drogheda, pasado luego a Lancashirt, Inglaterra. En 1863 lo encontramos de vuelta en Irlanda como parte del selecto cuerpo de Húsares del ejército británico. Fue en este tiempo cuando se reclutaba a los irlandeses en las fuerzas británicas para que se unieran al Movimiento Independista Feniano. O´Reilly, entusiasmado por su amigo John Devoy, persuadió a 80 hombres que se alistaran en el movimiento revolucionario. Se calcula que 8.000 soldados irlandeses ya estaban comprometidos con los Fenianos.

Lamentablemente los delatores estaban sueltos y eventualmente las actividades de O'Reilly llegaron a los oídos de las autoridades. Fue juzgado y condenado a muerte en junio de 1866, pero luego la sentencia fue conmutada por 20 años en el penal de Bunbury, en el oeste de Australia. Aquí sufrió muchas penalidades como miembro encadenado de una cuadrilla de trabajos pesados, sufrimientos que hubiesen quebrado a un hombre más endeble.

Esta dura región de Australia, de la cual da una penetrante visión en su novela "Moondyne", persiguió la memoria y la imaginación de O'Reilly por el resto de su vida. En 1869 hizo una dramática fuga del penal y logró al fin establecerse en Boston, Estados Unidos, donde consumió el corto espacio de vida que le quedaba. En 1872 contrajo matrimonio con Mary Murphy, del Condado de Mayo.

La contribución de O'Reilly a la tierra de adopción fue magnífica desde todo punto de vista. Empero, nunca olvidó a su Irlanda natal y siguió siempre luchando por su libertad. Permaneció un sólido Feniano hasta el fin. Inglaterra estuvo muy consciente de su actita, ya que si bien permitió el regreso de varios Fenianos, nunca relajó la prohibición que pesó sobre O'Reilly.

En los Estados Unidos progresó y llegó a ser editor del famoso periódico "Boston Pilot". Gracias a él este diario llegó a ser uno de los más importantes voceros de políticas de avanzada y reforma, apoyando siempre la causa de las minorías étnicas. O'Reilly llegó a ser una de las figuras respetadas de Boston y sus opiniones llevaban mucho peso. Aun aquellos que no coincidían con sus opiniones, como el caso de Mitchell. Sin embargo lo apreciaban por su integridad y su respeto por la opinión ajena.

Como editor del Boston Pilot apadrinó a más de un joven escritor -algunos que vivían y trabajaban en Irlanda- y los ayudó a escalar en la vida literaria. Allí, fue amigo y consejero de los irlandeses y una torre de fortaleza en la lucha por la independencia irlandesa.

Al margen de su novela "Moondyne", escribió mucha poesía. La colección más conocida (Songs, Legends and Ballards) apareció en 1878 y tuvo ocho ediciones. Su poesía no es pareja, algunas de ellas mediocres. Pero escribió algunos versos muy hermosos, entre los que se destaca "The cry of the dreamer":

I am tired of planning and toiling
In the crowded lives if men,
Heart weary of building and spoiling
And spoiling and building again,
And I long for the dear old river
Where dreamed by youth away,
For a dreamer lives forever
And a toiler dies in a day.

Los cuentos y leyendas en torno a su personalidad son legión. Uno de ellos se refiere a un pobre desgraciado que lo había delatado en 1866. Su primer biógrafo, James Jeffrey Roche, lo cuenta así:

"O'Reilly tenía muchas visitas singulares en su oficina del Boston Pilot, pero quizá la más extraordinaria fue la de uno de los delatores mencionados anteriormente. Este pobre infeliz, luego de la condena de O'Reilly, se vio tan marginado por sus compañeros soldados, tanto ingleses como irlandeses, que finalmente desertó y huyó a los Estados Unidos donde la historia de su traición le había precedido. Deambulaba muerto de hambre por las calles de Boston cuando tropezó con su víctima y se arrojó en su misericordia. Más de un hombre se bebiese regodeado en la humillación de su enemigo, pero O'Reilly solo supo ver la miseria de toda esta tragedia y le dio dinero, no solamente para satisfacer sus necesidades inmediatas, sino para que se trasladase a algún otro lugar y reconstruyera su vida".

Y este estupendo y generoso caballero que supo llevar a la práctica los principios cristianos, luchó siempre por los grupos minoritarios y marginados de la sociedad americana. Campeón de los negros, los indios, los judíos y los italianos, todos luchando por preservar su identidad en el Nuevo Mundo, luchó hasta el fin de su vida contra toda manifestación de segregación. Hay innumerables cuentos en torno a su bondad y generosidad para ponlos pobres y desafortunados de su ciudad.

Su gran amor por la tierra a la que nunca podría volver a ver, sobre todo su nativa Meath, es evidente en un extracto de una carta escrita a su amigo el Padre Anderson, entonces radicado en Drogheda, Irlanda:

"Que Dios lo proteja en su viaje. Me alegro de haberlo conocido y espero volver a encontrarlo. Nunca volveré a Drogheda, pero le mando mi amor a sus campiñas y sus árboles que crecen junto al río Boyne desde Droghjeda a Slane. Alguna vez, en recuerdo mío, lléguese hasta Dowth y subido al barranco, deje correr su vista más allá del Boyne, hasta Ros Na ri y al Monte de Tara; y vuelva luego su mirada hacia New Grange y Knowth y Slane y Mellifont y Oldbridge, y verá allí usted la imagen que siempre llevo grabada en mi mente y en mi corazón".

La muerte de John Boyle O'Reilly a la temprana edad de 46 años, fue un fuerte golpe para quienes aman la libertad y la humanidad. Pero su memoria permanecerá para siempre en el corazón de sus compatriotas.

SEAN UA CERARNAIGH
Ireland's Own   


KATHLEEN MILTON BOYLE
     * 18/10/1869 27/10/1941

En la ciudad de San Martín (Bs.As.) se recuerda a la "MESTRA CATALINA"

Por Edmundo Murray

Un perro guardián, unos fresnos y Don Martín, un español de 76 años que vive en Villa Piaggio, San Martín, uno de los barrios más populosos del Gran Buenos Aires. Don Martín es un jubilado metalúrgico y uno de los tantos que todavía recuerdan a la "Maestra Catalina". Cuando tenía alrededor de ocho años, sus padres lo enviaron a la "Escuela de los Ingleses de San Martín", que fue fundada por Kathleen Milton Boyle. Ellos querían darle lo mejor en educación, pero la matrícula de ingreso era muy costosa para sus magros ingresos, entonces Miss Boyle no la exigió. A los 76, Don Martín todavía lee en voz alta algunos párrafos en inglés del libro del irlandés Jonathan Swift "Los viajes de Guillever" y uno de los tres mil estudiantes aproximadamente, que pasó por las aulas de la Maestra Catalina, considerada la primera de las maestras que enseñaron el inglés en Sur América.

El lugar es un pintoresco suburbio, con bastantes industrias y pequeños comercios que actualmente están económicamente mal, con una población de clase media baja. Fue el lugar donde en los finales de los 70 y principios de los 80, ocurrieron hechos vergonzantes durante la llamada "guerra sucia". Una de las centros de detención clandestinos utilizados por los militares, fue localizado en las proximidades del vecindario. La tortura y las vejaciones están todavía en la memoria de la gente. Muchos prefieren olvidar la siniestra presencia de militares y la ausencia de sus víctimas, pero todos recuerdan con cariño manifiesto a la Maestra Catalina.

En un diario del Partido Socialista del año 1931, se lee: "Me acuerdo de las familias de los pobres trabajadores, y trabajé desde mis 12 años. Estoy en deuda con el corazón generoso de mi querida maestra Missis Boyle, quien me enseñó algo de inglés. Esta virtuosa y abnegada señora, a quien admiro y respeto, también consiguió mi primer trabajo" ("Trabajo", 2 de octubre de 1931, una carta de Manuel Ramírez). "Gracias a sus recomendaciones, -según el periódico - muchos de los estudiantes lograron tener buenos trabajos en compañías inglesas, muchas de las cuales tenían oficinas en Buenos Aires" ("El Noticioso", San Martín, 25 de octubre de 1962). Ahora Catalina es recordada con el nombre de una calle en Villa Piaggio y un busto de bronce erigido en la entrada el cementerio de San Martín.

KATHLEEN MILTON JONES nació el 18 de octubre de 1869 en la casa Nº 54 de Rathgar Road de la ciudad de Dublín. Era integrante de una familia irlandesa, que más tarde la envió a Inglaterra para estudiar literatura en la Universidad de Cambridge. Su madre, Elizabeth Dowling era hija de James Dowling, un servidor doméstico del Rey. Su padre, Francis P. Jones era un ingeniero civil y falleció en 1886. Trabajaba en la Oficina General de Valuación del Gobierno. Cuando cumplió los veinte años, se mudó con su familia a Río de Janeiro, en una de las últimas emigraciones masivas del siglo IXX. Allí dictó clases de inglés, música y arte en el "Colegio Americano Brasilero", pero al desatarse la epidemia de fiebre amarilla, fueron obligados a mudarse hacia el sur del país. Dos de sus primos, Juan y Robert Hallahan, hijos del Reverendo John Hallahan de Castletown, Berehaven, Condado de Cork, eran médicos y estaban trabajando en el Hospital Británico de Buenos Aires y acogieron a la madre de Catalina y sus cuatro hijos.

Una vez en Buenos Aires, donde arribó en 1891, Catalina reinició su profesión docente. En 1894, el "Colegio Inglés" en San Martín (posteriormente rebautizado "San Patricio"), fue abierto para estudiantes de todos los orígenes.   

Cinco años más tarde contrajo matrimonio con Andrew T.S. Boyle, ex Mayor de la Armada Británica e ingeniero, quien había fundado el grupo de Boy Scouts de San Martín. Andrew T.S. Boyle había nacido en 1844 en un barco de guerra, cerca de las costas nor.-Oeste de la India. Se educó en Inglaterra y posteriormente ingresó en la Escuela Real Militar en Sand Hutton. En 1888, estando al servicio del Connaught Rangers 88th. Regiment -The Devil's Own- fue promovido a Mayor. Durante su estadía en la India fue herido en ocho oportunidades, las que exhibiría con orgullo durante el resto de su vida. Pertenecía a la Iglesia de Irlanda, convirtiéndose al catolicismo después de una epidemia de cólera desatada en la India. De acuerdo a las normas, 'todos los ministros religiosos debieron abandonar la India con sus familias, mientras que los sacerdotes católicos se quedaron. Eso hizo que se convirtiera'. Se retiró de la armada y fue contratado por una empresa Británica que comerciaba con la Argentina. Boyle trabajó en muchas ciudades de la Argentina y su último trabajo fue en el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico.

Catalina y Andrew se casaron por la Iglesia Anglicana en Buenos Aires. Posteriormente ella se convirtió a la religión Católica Romana y se volvieron a casar y rebautizaron a sus hijos en su nueva fe.

Al momento de su apertura, en el Colegio Inglés se experimentaban modernas técnicas educativas. Catalina se las ingenió para implementar nuevas metodologías de la enseñanza del idioma inglés, y de acuerdo a los resultados de los exámenes, se notaba un progreso significativo y un reconocimiento al estudiantado que se manifestaba cada vez con más entusiasmo. Su proyectado método de incentivar, además incluía un reconocimiento hacia los alumnos más aplicados, lo que motivaba a los demás a esforzarse para alcanzar el premio. Cuando el número de estudiantes creció y le era imposible atender a todos, contrató a maestras calificadas, con títulos de prestigiosas escuelas Argentinas. Un diario del año 1930, argumentaba que la sociedad estaba en deuda con la señora Boyle, por su esfuerzo y empeño suficientemente probado a lo largo de los años, dedicados sin descanso a la noble tarea de enseñar".

Pero el trabajo de Catalina no solamente se limitaba a enseñar. Muchos domingos, el Intendente de San Martín recibió el pedido de permiso para visitar a los presos y llevarles cigarrillos y revistas. Las tres niñas Boyle: Catalina, Agatha y Ruth, caminaron con su madre por las calles de los sectores más pobres, entregando alimentos y vestimentas a familias carecientes.  Cuentan que un día, cuando Catalina se enteró que un chino había fallecido de una enfermedad contagiosa y en circunstancias espantosas, fue la única que, con coraje y decisión ingresó a la pieza, lavó el cadáver y lo preparó para su entierro. Estos ejemplos, escogidos por los medios periodísticos en su obituario, son una clara expresión de sus múltiples cualidades. Hoy nos preguntamos si estas sencillas y concretas acciones no están fuera de moda en la actualidad. ¿No resulta antiguo eso de pasarse todo un domingo dando de comer a chicos hambrientos y socorriendo a inmigrantes desamparados? Sin embargo, la solidaridad es un deber prioritario para todos nosotros, tal como lo fue para Catalina.

Como ciudadana, el trabajo que desarrolló Catalina fue ejemplar. Fue la precursora del protagonismo de la mujer en la sociedad. En aquellos tiempos, la Argentina era un país cuya población estaba creciendo dramáticamente. Las estructuras burguesas post coloniales estaban cambiando y se fundían en una sociedad cosmopolita entre inmigrantes  europeos y del medio oriente. El 4 de agosto de 1932, un lector anónimo envió una carta al Editor del "The Standad", un diario fundado en 1861 por el estanciero irlandés Edward Thomas Mulhall y destinado a la comunidad de habla inglesa. La misiva, firmada por Miss Justice, se quejaba por la inaceptable mentalidad chauvinista que se había desatado en la sociedad, proponiendo que las mujeres abandonaran sus trabajos para cederles el lugar a los hombres y combatir el desempleo. En la carta, Miss Justice lograba enfocar el tema en un contexto social conflictivo: La propuesta de una rebaja del 10% de los salarios sería aplicado solamente a aquellos con mayores ingresos y no a quienes percibían bajos sueldos y tenían familias numerosas. "¿Qué necesidad tienen de tener tantos hijos? He oído plantear esta cuestión a hombres con sueldos elevados y con uno o dos hijos. ¿Quién es el que tiene más culpa, el hombre rico con un solo hijo o el pobre que tiene ocho o nueve?"  Finalmente apeló a quienes ganaban más: "... a quienes ganan buenos sueldos les propongo que sacrifiquen la mitad, o tal vez más, para que comprueben que hay obreros que ganan mucho menos para subsistir, y que esa pequeña y miserable porción....". (The Standard, 4 de agosto de 1932). La misteriosa Miss Justice, era en realidad Catalina Boyle. ¿Los ejecutivos y profesionales de hoy, no deberíamos acceder a su llamado a la generosidad y solidaridad?

El busto de bronce de Catalina en San Martín, tiene su propia historia patética. Para honrar su memoria, una comisión de homenaje propuso a la Municipalidad de emplazar el busto de Catalina en un predio ubicado en Mitre y 9 de julio, en el corazón de la ciudad. El 20 de abril de 1944, el busto fue descubierto ante una gran concurrencia, y muchos de sus actos de caridad y sus 48 años al servicio de la educación fueron recordados. No obstante, en 1952 la imagen de la maestra Anglo Irlandesa desapareció. El predio con su reluciente césped, se trasformó en un camino hacia los suburbios. Los obreros ubicaron el bronce en una dependencia municipal, debajo del stand de una banda de música. Los ex alumnos de Catalina volvieron a reclamar un lugar para su emplazamiento y en 1956 lo ubicaron a la entrada del Cementerio de San Martín... y aunque muchos la confundieron con Evita, la homenajearon con flores o le arrojaron piedras.

Catalina permanecerá como ejemplo para todos nosotros. Siendo originaria de la Iglesia de Irlanda y perteneciente una familia de clase media de Dublín, no era la típica joven irlandesa que emigró a la Argentina.

La calle en Villa Piaggio y el bronce en el portal del cementerio, con la figura de una mujer de mirada más bien severa (al decir de un periodista del "Buenos Aires Herald" en 1961) recuerda a quien fue, tal vez, la mujer más bondadosa que la ciudad de San Martín haya homenajeado".

Catalina falleció el 27 de octubre de 1941 a los 72 años.

Traducción Libre JBW.


Pbro. Juan Ignacio Downes Kenny
* 31/07/1922 + 30/12/1962

Nació el 31 de julio de 1922. Fueron sus padres Pedro Downes Heffernan y Brígida Kenny Heavy. En marzo de 1935 Juan Ignacio ingresa al Seminario Metropolitano de Santa Fe, donde inicia sus estudios eclesiásticos.  Al inaugurarse el Seminario Diocesano de Rosario, integró el grupo de sus primeros estudiantes. Finalmente completó sus estudios superiores de Teología en el Seminario de Villa  Devoto en Capital Federal.

Sobresaliente y aventajado, fue cimentando el sacerdote apostólico que lo caracterizó. El entonces Obispo de Rosario, Cardenal Antonio Caggiano, lo ordenó sacerdote el 20 de diciembre de 1947 en la Catedral de Rosario. Desde entonces desempeñó durante 15 años una intensa y fecunda labor sacerdotal en las diversas circunstancias y puestos que la obediencia eclesiástica le brindó.

 El 28 de diciembre ofició su primera Misa Cantada en la Parroquia de San Eduardo, donde estaba radicada su familia. Más tarde fue Secretario Privado  del Cardenal Antonio Caggiano y Vicario Colaborador en la Parroquia Nuestra Señora de la Guardia de Rosario.

Posteriormente fue nombrado Cura Párroco de las localidades de Peyrano, Wheelwright y Rufino, y sus fieles supieron de su labor apostólica.

El 30 de diciembre de 1962, tras soportar una cruel enfermedad, falleció en Venado Tuerto a los 40 años de edad. Quienes lo visitaron en sus últimos días, salieron reconfortados por su fortaleza cristiana y por su fe y esperanza en un más allá definitivo junto al Padre Celestial.

Por ello, en sus exequias se despidió al “siervo bueno y fiel” y se pidió “el rezo a él para que interceda por nosotros ante el Trono del Altísimo”.



Father Victor O’Carolan CP

En el Cementerio de San Pablo, en Capitán Sarmiento, Provincia de Buenos Aires, recibieron sepultura ayer por la tarde, previa misa de cuerpo presente en la Iglesia Santa Cruz, los restos del sacerdote Víctor O’Carolan, cuya muerte ocurrió en esta ciudad a los 85 años de edad.

Nacido en Irlanda, llegó muy joven al país para ingresar  a la orden de los Religiosos Pasionistas, donde recibió su ordenación sacerdotal en 1908. A partir de entonces ejerció su ministerio con auténtico celo apostólico entre los miembros de la colectividad irlandesa, y durante los años 1918 y 1920 organizó diversas ferias benéficas destinadas a socorrer a las victimas del levantamiento de 1916 en ese país. El sacerdote O’Carolan fue superior en las casas de la Congregación Pasionista en esta ciudad y en Capitán Sarmiento. En los últimos años, a pesar de su avanzada edad, prestó su colaboración en el templo de San Telmo y en la capilla de una villa de emergencia en la zona de Retiro. Culto y afable, la madurez de su juicio y su reconocida bondad le granjearon la cálida estimación y el respeto de cuantos lo conocieron.
Del diario “La Prensa” (sin fecha)


1952 –  Los Padres Pasionistas Irlandeses realizan una misión en Venado Tuerto. Entre los  misioneros estaban el P. Victor O’Carolan y Buterley.



Edward Wallace O’Reilly

* Irlanda 09/04/1889  + Venado Tuerto 18/10/1980



Nació el 9 de abril de 1889 en  Lacken, Co. Westmeath, Irlanda. Era el segundo hijo de Peter Wallace Cassidy y Ellen O’Reilly. Fueron sus hermanos: John  y  Patrick. Su madre falleció el 13 de octubre de 1905 cuando sus hijos tenían 18, 16 y 14 años.  En 1908 Patrick murió a causa de una hemorragia, mientras le practicaban una operación de garganta; tenía apenas 17 años. Su inesperada muerte afectó mucho a su padre y hermanos.

 En 1914, al declararse la gran guerra, el viejo Peter, que todavía sentía el peso de la pérdida de Patrick, no estaba dispuesto a  entregar la vida  de otro de sus hijos al servicio de la Corona Británica. Sin vueltas, y ante la desesperación de imaginar a su segundo hijo en tierras extrañas luchando bajo una bandera extranjera,  vendió algunos  bienes y con la magra paga obtenida, embarcaría a Edward rumbo a la Argentina. John, el mayor, se encargaría de la granja.

En el puerto de Liverpool, Edward comenzó a sentir el peso de la soledad. Allí entabló conversación  con Victor Kalisky, un inglés de origen judío y sastre de profesión, quien lo convenció para que se embarcase con destino a la Argentina, ya que Edward le había confesado que si bien su padre lo enviaba al país sudamericano donde tenía familiares, él tenía la intención de embarcarse hacia Australia. Con lógica, Kalisky le dijo  que si emigraba a Australia, los ingleses lo reclutarían con mayor facilidad que si se quedaba en Irlanda. La teoría no era desacertada y las razones demasiado fuertes para que Edward las desestimara. Convencido por Kalisky, abordó el buque “Oronsa” rumbo a Buenos Aires.

Aunque él sabía que tenía familiares en el país sudamericano, y a pesar de estar esperanzado  de hallar el apoyo necesario para emprender una nueva vida, en ese momento lo envolvía una fuerte incertidumbre. Abandonar a su amada Irlanda implicaba alejarse para siempre de sus seres queridos, mientras que el recuerdo de Paddy y su lucha desesperada con la muerte en plena adolescencia, seguía apretándole el corazón.

Allí quedaban sus amigos y vecinos: los traviesos Reilly, los entrañables Coffey, los joviales  Muldarry, los hospitalarios Cormack, los bailarines Crumb y  los musiqueros Murtagh… Y acompañando sus recuerdos, el trinar de los pájaros; el nacimiento de las flores de mayo y el dulce murmullo del río Inny que se expandía por las praderas cual música de duendes invisibles. Allí quedaban las colinas de tréboles silvestres envueltas por el aroma de la turba encendida que impregnaba el aire del valle. La Iglesia y la Escuela, el recuerdo de sus travesuras infantiles y el salto de la cerca para entrar a clase burlando el ingreso por la puerta del jardín. ¡Sólo Dios sabía por dónde vagaban sus pensamientos!  Quizás la añoranza de alguna niña, a la que un día le dedicó un poema o le cantó una canción; o en las bulliciosas reuniones en la casa de los Coffey, donde se tocaba música, se cantaban baladas y se bailaban jiggs. Ahora eran solo recuerdos. Él sabía que no había retorno; que jamás regresaría  a Irlanda, entonces trató de  ordenar sus sentidos,  y se propuso guardar  cada uno de esos momentos como un tesoro que aliviaría la tristeza de su desarraigo.
El 01 de septiembre de 1915 el buque “Oronza” amarró en el puerto de Buenos Aires y se despidió de Victor Kalisky.  Ese día tomó un tren rumbo a Pergamino y por  primera vez entraba en contacto con “la Argentina”. Su asombro no tenía límites. No podía creer lo que veía. ¡Esa tierra grande de horizontes infinitos era algo increíble! ¿Sabrían los irlandeses que existía este país de tierras tan extensas? ¡Cuando les contara a su padre y hermano lo que sus ojos estaban viendo, seguro que no le creerían!   Pero lo que menos sabía Edward, era que su abuelo paterno había visitado  la Argentina a fines  del siglo XIX, y que cuando sus familiares quisieron tomarle una fotografía no aceptó, argumentando: “¿Quién se va a interesar por conocerme después de muerto?”. [1]

En Pergamino lo esperaban sus primos Thomas, Santiago, Gerald, Maggie y Juan, hijos de Gerald Leonard, casado con Esther Wallace, nacida en Multyfarnham en 1856 y  fallecida en Salto el 03/06/1914. El recibimiento fue cálido y espontáneo. Maggie y Gerald serían sus mejores amigos y confidentes.

Posteriormente ingresó a trabajar en la empresa Ferrocarril Central Argentino y tuvo como destino, además de Pergamino, a San Nicolás, Villa Constitución y Venado Tuerto, donde se radicó definitivamente.

Durante un encuentro de la comunidad irlandesa de Venado Tuerto conoció a Rosa, la hija menor de John Kenny y Catalina Heavy. Rosa le pidió a su madre que invitara al joven irlandés a tomar el té, y Mrs. Kenny accedió, pero le pidió a  Minnie Kehoe (a la sazón viuda de Patrick Rourke) que hiciera de nexo. El trabajo de Minnie tuvo éxito porque Edward y Rose se casaron en 1928 y tuvieron siete hijos. Relatos orales dicen que Minnie Kehoe de Rourke, era la “casamentera” de la comunidad.

Edward Wallace O’Reilly falleció el 18 octubre de 1980 a los 91 años. Fue el último irlandés que habitó en Venado Tuerto.

§

The Old Man
(Phil Coulter)
The tears have all been shed now
We’ve said our last goodbyes,
His solu’s been blessed
He’s laid to rest,
And its now I feel alone,
He was more than just a father
My teacher, my best friend;
He can still be heard
In the tunes we shared
When I play them on my own.

I’ll never will forget him
For he made me what I am;
Though he may be gone
Memories Linger on-
And I miss him The Old Man.

As a boy, he’d take me walking
By mountain, field and stream
An he’d show me things
Not known to kings,
No secret between him and me.
Like the colours on a pheasant
As he rises in the dawn
Or how to fish, and make a wish
Beside a Fairy tree.

I though he’d live forever
He seemed so big and strong
But the minutes fly,
And the years roll by
For a father and a son
And suddenly when it happened
There was no much left unsaid;
No second chance
To tell him Thanks,
For everything he’d one.

Traducción libre: José B. Wallace

Mi Querido Viejo

Las lágrimas se han secado ya
Y nos hemos despedido,
Su alma ha sido bendecida,
Y su cuerpo descansa en paz.
.
Es ahora cuando me siento solo,
Porque ha sido más que un padre para mí.
Fue mi maestro, mi mejor amigo;
Todavía puedo escucharlo
Cuando en soledad, toco la música
Que tantas veces compartimos.

Nunca lo olvidaré
Porque él hizo de mí lo que soy;
Y aunque haya partido
Su memoria permanece en el tiempo-
Y cada día lo extraño más a mi querido viejo.

Cuando era chico salíamos a caminar
Por montañas, praderas y arroyos
Y me enseñaba cosas
Que ni los reyes sabían,
No había secretos entre nosotros.
Era como los colores de un faisán
Brillantes en el amanecer;
Era como pedir un deseo
A la sombra de un árbol fabuloso.

Creí que viviría por siempre;
Me pareció tan grande y fuerte.
Sin embargo los minutos volaron,
Y los años también.
De pronto, sucedió lo inesperado,
Y entre un padre y su hijo
Ya no quedaba mucho por decir.
Entonces no tuve otra oportunidad
Para darle mil gracias
Por todo lo que hizo por mí.



Don Juan Kenny (h)

24/06/1886+ 26/02/1941

Juan Kenny (h) nació en San Nicolás de los Arroyos el 24 de junio de 1886, un año después del asentamiento de sus padres John Kenny y Kate Heavy en la zona de Venado Tuerto. Jack fue el cuarto hijo en el orden familiar y el primero de los tres varones. El 26 de agosto de 1926 contrajo matrimonio con Marcela Gaynor  y  tuvieron dos hijos: Juan Guillermo y Luisa.

Trabajador incansable, Jack se desvivía por el bienestar de su familia. Extremadamente bondadoso y confiado, resultó víctima de su propia credulidad. Siempre dispuesto a tenderle una mano a quien le pidiera algún favor; era incapaz de decir “no”, aun en circunstancias dudosas. Su exceso de confianza en “la palabra” de los demás, le ocasionó problemas familiares y económicos que, sumados a una cosecha frustrada por factores climáticos, se vio en la necesidad de vender la fracción de campo que  le tocó por herencia.

En 1935 comenzó a trabajar como puestero mensual simple en la Estancia “La Calma”, de Don Alejandro Estrugamou. Este trabajo lo consiguió a través de su cuñado Mateo Chapman, que era mayordomo de la Estancia “Las Niñas”, propiedad de los Sastre,  familiares de Estrugamou. Jack ocupó con su familia el Puesto Nº 5, y tenía a su cargo la hacienda vacuna, además de colaborar con los otros puestos y estar a cargo de los trabajos generales en el casco de la estancia.

Por aquellos años los puesteros eran propietarios de los caballos (Jack tenía diez) y además del sueldo, les proveían una vivienda compuesta de cocina y dormitorio; carne en abundancia y leche, que obtenían de una vaca que separaban del resto y que ellos mismos ordeñaban. También se criaban gallinas, asegurándose una buena producción de huevos. Lo que no estaba permitido era el criadero de cerdos.

A mediados de 1936 Jack fue ascendido a “Puestero interesado”. Esto significaba agregarle a sus tareas el cuidado de una majada de 1500 ovejas. El sueldo seguía siendo el mismo, pero a fin de año recibía un porcentaje de las utilidades obtenidas por la venta de lana. Generalmente, y para no resentir las tareas de la estancia, el puestero contrataba a un boyero o enviaba a  sus hijos a cuidar las ovejas. Y si bien este ascenso representaba una mejor remuneración,  las condiciones laborales se asemejaban bastante a la esclavitud; el único día de descanso era el domingo, el resto de los días se trabajaba de sol a sol.

Era común que el mayordomo efectuara sorpresivamente un recuento de animales, lo que hoy llamaríamos una “auditoría”. Si faltaba alguno, automáticamente era descontado del sueldo del puestero. Este inventario se hacía mediante el conteo de la hacienda en pie y los cueros de los animales muertos. Cada vez que se moría un animal había que cuerearlo y presentarlo de muestra. Este trabajo fue fatal para Jack.  Un día debió cuerear una vaca que murió de grano malo o carbunco, enfermedad conocida vulgarmente como “carbunclo”. En esa oportunidad se hizo accidentalmente un corte y se infectó. Inmediatamente lo trasladaron a la localidad de Lazzarino, donde el médico del lugar le hizo las primeras curaciones para luego “internarlo” en el hotel de Amenábar, otro pueblo cercano, porque no había hospital en toda la zona. Entre la inexperiencia del médico y la falta de medicamentos adecuados (no existía la penicilina), su salud se agravó. A instancias de Don Mateo Chapman  lo trasladan al Sanatorio del Dr. Luis Chapuis en Venado Tuerto (hoy Policlínico Dr. Luis Chpuis). Durante su internación fue atendido por su sobrina Catalina “Cathy” Chapman, que era enfermera y trabajaba en ese sanatorio.[2]

El 26 de febrero de 1941, después de permanecer unos diez días de internación,  Jack Kenny falleció de gangrena. 

Retrato de un padre

A través de la narración de su hijo Juan Guillermo, hemos podido obtener un fiel retrato de la personalidad de Juan Kenny (h). Él nos cuenta la intimidad de su vida familiar, y a  pesar de la brevedad de su relato,  traza una semblanza muy real de aquella época. Las imágenes de hombres que pertenecieron a una generación que sufrió carencias, y en la que subsistir en un ambiente hostil, no era precisamente el edén. Eran tiempos en los que había que afrontar con mucho coraje y esfuerzo físico los despiadados embates de la naturaleza.

Cuando Jack falleció, todavía no había cumplido los 55 años, razón por la que Juan Guillermo no llegó a conocerlo con detenimiento, teniendo en cuenta que a los diez años (1937) fue internado como alumno pupilo en el Instituto Fahy de Capilla del Señor y posteriormente (1938) en el Instituto Fahy de Moreno;  de ahí (1939) ingresó al Seminario de  Rosario. No obstante, recuerda que su padre se levantaba a las cuatro de la mañana, tomaba unos mates amargos, ensillaba el caballo (a veces llevaba otro de tiro) y partía a cumplir con su trabajo, para regresar por la noche. Un día una mujer del vecindario le preguntó si siempre se levantaba tan temprano, a lo que Jack respondió: “¡Nooo! ¡Los domingos duermo hasta tarde!.. Me levanto a las seis...”

Más adelante Juan Guillermo describe a su padre  como una persona de contextura gruesa, de 1,80 de estatura y no más de 90 Kg., un hombre que gozaba de buena salud. Fumaba en pipa y chicaba tabaco. Tenía la dentadura completa y sana. Le gustaba la música, y cuando cabalgaba tarareaba o silbaba alguna canción. Muchas veces lo escuchó silbar “La viuda alegre” de Franz Lehar. [3]

Más adelante recuerda que su padre, a pesar de ser una persona bondadosa y querer mucho a su familia, nunca fue muy demostrativo en sus afectos, pero hizo lo imposible por darles una educación acorde a los tiempos que vendrían, a tal punto que no quiso que su hijo trabajara de boyero. Él quería que ocuparan todo su tiempo y  esfuerzo en el estudio.

Jack, como sus hermanos menores, fue un autodidacto. Su hermana mayor Brígida era su maestra., la que con su otra hermana Molly,  había estudiado en un colegio religioso de San Nicolás. Sin embargo Jack leía y escribía correctamente el castellano y el inglés. Como era afecto a la lectura y su vista comenzó a flaquear, debió usar anteojos, los que adquiría en “Óptica Widmer” de Venado Tuerto (actualmente existente y atendida por descendientes). De profundas convicciones religiosas, le encargó a su hijo un devocionario con letras grandes para no fatigar su vista. Juan Guillermo le consiguió la “Nueva Áncora de Salvación”, que hoy todavía conserva como tesoro más preciado. Sus letras mayúsculas miden de 5 mm y las minúsculas de 3 mm.

Los domingos eran días de esparcimiento. Por la mañana toda la familia se vestía con sus mejores galas y partía a Aarón Castellanos o a Lazzarino-Amenábar para asistir a Misa. Después del oficio religioso se hacían las compras para toda la semana en el almacén de ramos generales, la panadería, la verdulería y también en la tienda y ocasionalmente la ferretería, cuando hacía falta algún repuesto. El “tour”  se completaba con la compra del diario “La Nación”, y “Mundo Argentino” y a veces alguna que otra revista. El retorno a casa no era siempre el mismo. Algunas veces se volvían una vez finalizadas las diligencias, y en otras ocasiones el paseo se prolongaba durante todo el día; se almorzaba en el hotel y por la tarde se visitaba a las familias irlandesas que vivían en el pueblo, como los Allen, Cullen, Mulvanny. Allí tomaban el té y al atardecer  silbando bajito,  se regresaba a casa. Otra faceta de la personalidad de Jack era que nunca se quedaba a dormir en la casa de los parientes, a pesar de ser numerosos. Sin embargo él nunca quería molestar o incomodar a nadie, por eso se alojaban en el hotel. Compartía un almuerzo o una taza de té con quien quiera y donde fuera, pero siempre dormir en el hotel. 

La asistencia a Misa era obligatoria. No había clima adverso que impidiera su cumplimiento,  a pesar de los 25 km que distan desde el Puesto Nº 3 de la Estancia “La Calma” a Aarón Castellanos hacia el sur, o hacia Lazzarino al oeste, parte a campo traviesa, parte por caminos en mal estado.

Jack tenía un automóvil, pero jamás lo manejó. ¡Y ni hablar de obtener el registro de conductor! Cuando había que salir, meticulosamente hacía los preparativos y le agregaba agua caliente al radiador, le bajaba los bigotes y lo ponía en marcha a fuerza de darle a la manivela. Su esposa Marcela era la conductora, y el único lugar donde no se atrevía a manejar era en la “gran ciudad” (léase Venado Tuerto), ahí se hacía cargo del volante Guillermo “Sonny” Chapman. Era el único automóvil (no oficial) que había en la estancia y sus servicios eran requeridos a menudo por otros puesteros, lo que motivó que se entablara una relación muy familiar con la gente de los alrededores, y la razón por la que siempre estaban invitados a casamientos, acontecimientos sociales y/o emergencias. “Fuimos, de alguna manera –dice Juan Guillermo - los precursores del remís actual”.

Cuando Jack enfermó, debió ser internado en un sanatorio. No se sabe con certeza, pero se supone que fueron los dueños de la estancia los que se hicieron cargo de los gastos. No obstante, su esposa Marcela, con la colaboración de su cuñado Eddie, tuvo que recurrir a la justicia para cobrar el seguro de diez mil pesos que legítimamente le correspondía y que la administración de la estancia se negaba a pagar. Antes de su fallecimiento, Jack insistió en que, ante cualquier circunstancia adversa, se reclamara el pago del seguro. Mucho tiempo después se pudo efectivizar la suma de nueve mil pesos, el resto se esfumó entre gastos y honorarios.

“Daddy”, “Jack”, “Don Juan Kenny”, conforme se lo conocía en los distintos ambientes, acuñó el aprecio de sus contemporáneos por “la nobleza de su persona y la confianza en sus semejantes”.

Al recordarlo en estas páginas, queremos rendir  nuestro homenaje  a todos los hijos de los primeros pobladores que llegaron a estas tierras esperanzados en formar la pequeña pampa irlandesa.





Mons. EDUARDO MARTÍN DOWNES

Obispo de Río Cuarto, PCba., nació el 26 de diciembre de 1953 en Venado Tuerto. Hijo de Eliseo Martín y Julia Ana Downes Kenny. Cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio de los Hermanos del Sagrado Corazón para luego ingresar a la Facultad de Química  de la ciudad de Santa Fe. Fue en aquella circunstancia que descubrió su vocación para el sacerdocio y abandonó sus estudios para ingresar al Seminario Mayor “San José” de la ciudad de La Plata, donde obtuvo el título de profesor de Filosofía y Pedagogía. Posteriormente fue ordenado sacerdote por el Obispo de Venado Tuerto Monseñor Mario Picci el 26 de diciembre de 1980. Al poco tiempo de su ordenación fue nominado al frente de la Parroquia San Cayetano, cargo que ejerció hasta 1987. Posteriormente fue trasladado al Seminario “San José” de La Plata donde se desempeñó como secretario, formador y profesor de seminaristas. En 1990 el entonces Obispo de Venado Tuerto Mons. Paulino Reale lo designó Vicario General de la Diócesis, cargo en el que fue confirmado por el actual Obispo Mons. Gustavo Arturo Help.

Fue designado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Río Cuarto

El Papa Benedicto XVI designó Obispo de Río Cuarto a Monseñor Eduardo Eliseo Martín Downes, actual Vicario General de la Diócesis de Venado Tuerto, Párroco de la Iglesia Catedral de la Inmaculada Concepción e integrante de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentino Irlandesa de esta ciudad.

“El padre Eduardo”, como se lo reconoce familiarmente en la comunidad, asumirá sus funciones antes del 20 de junio próximo en reemplazo de Monseñor Ramón Artemio Staffolani, actual Obispo de Río Cuarto, a quien le fuera aceptada la renuncia presentada al cargo al haber cumplido la edad que indican las normas canónicas.

La noticia, que fue comunicada por el Nuncio Apostólico, Monseñor Adriano Bernardini a través de la agencia católica AICA simultáneamente con la publicación en Roma, fue recibida con alegría por todos los venadenses, pero también con un dejo de tristeza por el alejamiento físico del padre Eduardo, a quien todos reconocen poseer ese don tan especial con que Dios premia a las buenas personas: un Sacerdote digno y fiel amado por todos.

Recordemos que el 26 de diciembre pasado el padre Eduardo cumplió 25 años sacerdotales  simultáneamente con sus 52 años de edad y que fue agasajado por toda la comunidad de Venado Tuerto y el clero diocesano, cuyos pormenores fueron publicados por The Southern Cross en su edición del mes de febrero.

Mons. Eduardo Martín  Downes nació el 26 de diciembre de 1953 en Venado Tuerto. Hijo de Eliseo Martín y Julia Ana Downes Kenny. Cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio de los Hermanos del Sagrado Corazón para luego ingresar a la Facultad de Química  de la ciudad de Santa Fe. Fue en aquella circunstancia que descubrió su vocación para el sacerdocio y abandonó sus estudios para ingresar al Seminario Mayor “San José” de la ciudad de La Plata, donde obtuvo el título de profesor de Filosofía y Pedagogía. Posteriormente fue ordenado sacerdote por el Obispo de Venado Tuerto  Monseñor Mario Picci el 26 de diciembre de 1980. Al poco tiempo de su ordenación fue nominado al frente de la Parroquia San Cayetano, cargo que ejerció hasta 1987. Posteriormente fue trasladado al Seminario “San José” de La Plata donde se desempeñó como secretario, formador y profesor de seminaristas. En 1990 el entonces Obispo de Venado Tuerto Mons. Paulino Reale lo designó Vicario General de la Diócesis, cargo en el que fue confirmado por el actual Obispo Mons. Gustavo Arturo Help.

Desde estas páginas queremos felicitar al Padre Eduardo. Consideramos que este nombramiento a ejercer un cargo con mayores responsabilidades, se enmarca en un justo reconocimiento a quien ha sabido desempeñar su ministerio con la fidelidad y humildad que toda misión apostólica requiere. El padre Eduardo es un hombre de agenda abierta permanentemente y sabemos que su ritmo de trabajo seguirá siendo acorde a las responsabilidades que el accionar misionero le exija.



A los feligreses de la Diócesis de Río Cuarto sólo nos resta decirles que Dios los ha bendecido con esta designación, y que los venadenses nos sentimos felices de que reciban a uno de sus hijos, y aunque nuestro corazón esté desconsolado, siempre estará abierto a los designios del Señor.

En Agosto de 2014 fue nombrado por el Papa Francisco, Arzobispo de Rosario (Santa Fe).



Rvdo. P. Pedro Richards CP
* 31/12/1911 - + 30/10/2004
La Sociedad Argentino Irlandesa de Venado Tuerto participa el fallecimiento del R.P. Pedro Richards C.P., misionero de origen irlandés y fundador del Movimiento Familiar Cristiano. El P. Richards falleció el 30 de
octubre de 2004 y sus restos fueron sepultados en el cementerio del Monasterio de la Congregación Pasionista en Capitán Sarmiento. Nuestra comunidad ruega una oración en su memoria.

El P. Pedro Richards nació en la calle Zaire y Monroe, barrio de Belgrano, el 31 de diciembre de 1911, y fue anotado como Juan Enoch Richards, pero bautizado también como Pedro, nombre que asumió en su vida sacerdotal.

 Hijo de Juan Carlos Richards y María Julia Kehoe, era el tercero de seis hermanos. A los 21 años ingresó a la congregación de los Padres Pasionistas, donde cursó sus primeros estudios eclesiásticos. Posteriormente fue enviado para ampliar sus conocimientos a Escocia y Bélgica, siendo ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1940. De ahí en más comienza su tarea apostólica y Venado Tuerto contó con su presencia en el año 1947, cuando junto a otros sacerdotes de la congregación predica durante una semana en la Iglesia Parroquial. En 1948 se dedica a la pastoral familiar, centrando sus esfuerzos en formar grupos de matrimonios, lo que posteriormente dio origen al Movimiento Familiar Cristiano.

Su labor misionera ha sido tan fecunda y prolífica, que demandaría mucho especio comentarla aquí, razón por la que dejaremos que la historia se encargue de recordarlo a él y a otros tantos Misioneros Pasionistas que surcaron nuestra región y se entregaron totalmente a su apostolado sin pedir nada a cambio.

A escasos dos meses de cumplir sus 93 años, el Padre Pedro Richards C.P. quedará en la memoria de la comunidad irlandesa en la Argentina como el símbolo de una época que solidificó los valores de los primeros inmigrantes de la verde Erín.



NORMA BEATRIZ NOLAN

En un salón versallesco de un afamado hotel internacional fue consagrada Miss Argentina para Miss Universo la bella Norma Beatriz Nolan de 24 años. Blanca, de pelo negro y ojos azules, Norma nació en Venado Tuerto en la provincia de Santa Fe y trabajaba como modelo profesional. En Long Beach, Norma logró el título de Miss Universo para la Argentina venciendo en la noche final a la islandesa Ann Geirsdottir (1ª finalista), a la finlandesa Anja Aulikki Havinen (2ª finalista), la brasileña María Olivia Reboucas (3ª finalista) y a la china Helen Liu (4ª finalista). Norma al igual que sus compatriotas Norma Cáppagli (Miss Mundo 1960) y luego Mirta Massa (Miss Internacional 1967) fue la única en usar el modelo de corona que le colocaron cuando ganó. Después de viajar por muchos países del mundo y
 entregar su corona, Norma regresó a Buenos Aires y continuó trabajando como modelo. Se casó en 1966 y tuvo una hija llamada Zita Norma Zanotti. Luego de participar como jurado durante la elección de Miss Universo en 1969, Norma se alejó del mundo de la moda y la televisión. Se radicó en Miami, donde tiene una librería. Increíblemente, Norma Nolan fue la única Miss Universo latinoamericana que no participó del programa homenaje que realizó Susana Giménez donde las reinas de belleza fueron entrevistadas y homenajeadas. En la elección de Miss Argentina, Norma fue escoltada por Norma del Valle de 21 años como 1ª princesa, quien también obtuvo el título de Miss Elegancia y fue la Reina de la T.V. en 1958; y por Isabel Laura Riggió, ¨ Miss Capital Federal ¨ como segunda princesa. Entre las seis finalista se clasificó Zulma Faiad, quien se dedicó a la carrera artística como actriz y fue una de las más bellas y famosas de las vedettes entre las décadas del 60 y 80. Actualmente sigue siendo una de las más bellas actrices de comedia de la televisión argentina.


Brigadier EDUARDO FRANCISCO MC LOUGHLIN

 El brigadier (R) Eduardo Francisco Mc Loughlin, nacido en Cafferata, fue una figura trascendente de las Fuerzas Armadas de nuestro país y un importante colaborador de gobiernos democráticos que lo convocaron para actuar en diversas áreas y en variadas funciones. Por caso, fue designado durante la presidencia radical de Arturo Illia como secretario de Aeronáutica, cuando existía ese organismo en 
forma dependiente del Poder Ejecutivo, con el rango de ministerio. Más tarde fue llamado a funciones de gobierno por el entonces presidente de facto Roberto Levingston, que lo designó como ministro del Interior. En la cartera de Relaciones Exteriores, cuya titularidad le ofreció el ex presidente Alejandro Agustín Lanusse, el brigadier McLoughlin cumplió una destacada actuación e intentó un acuerdo con el gobierno británico por las islas Malvinas. Siendo canciller, en un discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, McLoughlin calificó a las islas como "residuo de una etapa superada de la expansión imperial" y afirmó que la voluntad del gobierno que integraba era continuar las conversaciones con Londres en busca de una solución definitiva "que no puede ser otra -dijo- que el reintegro definitivo de las Malvinas al patrimonio nacional argentino". McLoughlin había actuado como embajador argentino ante Gran Bretaña en 1967 y –previamente- ante la representación de nuestro país en los Estados Unidos. En sus comienzos como teniente primero fue designado miembro de la Comisión de Adquisiciones Aeronáuticas en Europa y agregado aeronáutico en la embajada argentina en Gran Bretaña. Era hijo de Juan MacLoughlin O’Brien y Margaret Doyle Roche y hermano de: Santiago Roberto, Juan Bernardo, Alfredo José, Margarita María y Margarita Elena. Llegó al grado de Brigadier General. Embajador de la República Argentina en el Reino Unido. Fue ministro de relaciones exteriores y culto. Secretario de Aeronáutica. Contrajo matrimonio el 13 de noviembre de 1943 en Corral de Bustos, Provincia de Córdoba, con Mónica Murphy Leahy, hija de Philip Murphy Scanllan y de Mary Leahy Noonan. Sin descendencia.


MARGARITA KENNY McCORMICK

Nació el 9 de mayo de 1915, la destacada artista, discípula de Rosalina Crocco, debutó en el Teatro Colón en 1943 en El ocaso de los dioses bajo la dirección de Roberto Kinsky. Luego de estudiar en Filadelfia, Estados Unidos, bajo la guía de LeonardWarren, se trasladó a Europa donde desarrolló una importante carrera. Cantó El anillo del Nibelungo bajo la dirección de Wilhelm Furtwängler en la Scala de Milán en 1950. Durante 25 años interpretó en la Ópera de Viena los principales papeles de su cuerda,  especializándose en el repertorio verdiano y wagneriano. Actuó bajo la dirección de Karl Böhm, Herbert von Karajan y Tulio Serafin, y cantó junto a Kirsten Flagstad, Svet Svanholm y Max Lorenz, entre otros. Bajo la dirección de Clement Kraus, grabó el papel de Herodías de Salome de Richard Strauss, mismo personaje que interpretó en 1975 en el Teatro Colón. Una vez que se retiró se dedicó a la enseñanza en la Argentina, donde tuvo entre sus discípulos a Gloria Sopeña, Beatriz Costa y Carlos Bengolea. Falleció en su ciudad natal el  21 de agostote 2008 en Venado Tuerto. Sus restos sepultados en  Jardín de Paz, cementerio de Pilar, PBsAs.

CAMILA O'GORMAN

Camila O'Gorman fue protagonista de un famoso drama durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Hija de Adolfo O'Gorman y Périchon de Vandeuil, y su madre fue Juaquina Ximénez y Pinto. Era nieta de Ana Perichon, la célebre "amiga" de Santiago de Liniers, reconquistador de Buenos Aires. Camila nació en Buenos Aires en 1828. Tenía diecinueve años cuando conoció al párroco del Socorro, Uladislao Gutiérrez, llegado de Tucumán. La joven cantaba en las funciones religiosas y trataba al sacerdote en su casa, que él frecuentaba. La afinidad espiritual se transformó en amor y la pareja decidió huir de Buenos Aires, el 11 de diciembre de 1847, en dirección a San Fernando, bajo los nombres de Velentina Desan y Maximo Brandier. Allí embarcaron con la complicidad del patrón del barco y llegaron a Goya, Corrientes, en tanto eran buscados por pedido del padre de Camila. La pareja se instaló en Goya y conquistó la simpatía de la población, que envió sus niños a la escuela que habían establecido. Algunos meses después, un sacerdote, de paso por el pueblo, reconoció a Gutiérrez y lo denunció. Informado Rosas, dispuso que fuesen traídos a Buenos Aires con grillos e incomunicados. Se cree que Camila escribió a Manuelita Rosas, pues existe una carta de la segunda, fechada en Palermo el 9 de agosto, en la que le dice haber intercedido ante su padre y le recomienda fortaleza. Los prisioneros fueron encarcelados en Santos Lugares. Manuelita había comprado muebles para la celda de Camila, pero su intervención ante Rosas no tuvo efecto, pues este ordenó que los reos fuesen fusilados al día siguiente de su llegada. La sentencia se cumplió el 18 de agosto de 1848, ante el horror de la familia de Camila, que no esperaba este desenlace. La condenada recibió el "bautismo por boca", "por las dudas si había preñez", según rezan los documentos de la época, y la ejecución revistió perfiles dramáticos por ser la primera vez que una mujer sufría la pena de muerte. "Diccionario Biográfico de Mujeres Argentina", de Lily Sosa de Newton. Plus Ultra.

ALFONSO LAMBE
Tullamore 24/06/1932 - BsAs. 21/01/1959

¿Qué de extraordinario podía ocurrir en el pequeño y desconocido pueblo de Tullamore, aquel 24 de junio de 1932? Para el mundo, ninguna novedad, fue un día como todos. Pero en el humilde y numeroso hogar de la familia Lambe, se encendía una nueva llama, la llegada de otro hijo, el mismo día en que naciera Juan Bautista, El Precursor. Nadie imaginaba que Dios había elegido a Alfonso para la misma misión; la de preparar los caminos en tierra americana.
Desde niño fue preparándose para hacer la voluntad de Dios, quien pronto le mostraría su primera estación. En el verano de 1948, fue admitido en el Noviciado de Santa Elena en la Congregación de los Hermanos Cristianos en Dublín. Va en busca de su gran ilusión: la vida religiosa. Poseía un comportamiento ejemplar, jamás dejaba de cumplir las reglas, era buen compañero, siempre dispuesto a ayudar y destacado por su piedad. Su devoción a la Santa Misa y a María, dejaban ver su ardiente amor a Dios y a su Madre.
Pero al terminar el Prenoviciado, su precaria salud y su aspecto de debilidad, hicieron que la Orden le diera un período de reposo y antes de hacer su primera profesión lo mandaron a su casa. Esto le produjo un gran dolor, según el testimonio de su hermano Jack. Este hermano suyo, al verlo tan triste lo llevó a un Praesidium de la Legión de María allí en Tullamore, donde él era legionario. Luego de un corto período se dirigió a Dublín donde exclamó: "Ya creo saber lo que dios quiere". Alfonso quería ser un soldado y Dios lo elevó a la dignidad de Apóstol de Cristo.
Pero el Señor le exigiría aún más: dejar a los suyos y su patria para la difícil tarea de la extensión en América del Sur. Y el día de Nuestra Señora del Carmen, el 16 de julio de 1953, acompañado por el hermano Seamus Grace, un expermientado legionario, parten rumbo a Nueva York. Pasaron algunas semanas visitando comunidades religiosas que tenían misioneros en Sud América, para reunir la mayor información posibles. Como no hablaba español se puso a estudiar y lo aprendió rápidamente, según dijo el hermano Duff. No se puede dejar de pensar quej Alfonso esperaba de cierta manera la gracia del don de lenguas.
De Nueva York pasó a Bogotá, capital de colombia, donde lo esperaba Joaquina Lucas, enviada desde 1946. al lado de ella progresa en el conocimiento del idioma, de las personas y costumbres. Trabajaba con ella de pueblo en pueblo sin medir esfuerzos. Su trabajo requería un ritmo veloz, todo debía hacerse con urgencia y eso le producía un tremendo desgaste físico, asdemás del esfuerzo que debía realizar para adaptarse al clima, al idioma y a las costumbres.
Permaneció en Colombia hasta principios de 1954. De allí pasó a Ecuador donde la Iglesia pasaba momentos difíciles. De Ecuador pasó a Perú, Bolivia y Brasil, y participó del Congreso Eucarístico de Río de Janeiro. Alfonso llegó con la esperanza de conquistar un país para Cristo y de pronto se encontró con toda América en sus manos.
Quedó impresionado por las posibilidades de trabajo que ofrecía Brasil: hizo planes, trazó itinerarios, pero cuando todo parecía ir tomando forma, recibió una cara del Concilium que le decía: "Brasil no, por ahora debe ir a la Argentina".
En junio de 1955 llega a la Argentina, lo esperaba Joaquina Lucas, quien fundó en 1951 la Legión de María en Catamarca a pedido del Obispo Monseñor Carlos Hambon, y después trabajó algunos meses en Buenos Aires.
La Legión no era conocida y era resistida, hasta que el Superior de los Padres Pasionistas dio permiso para fundar un Praesidium. En Buenos Aires solamente se había autorizado la fundación de unos pocos Praesidia.
Alfonso visitó al Nuncio, Cardenal Mozzoni, quien lo recibió cordialmente y le recomendó esperar hasta la reunión del Episcopado Argentino que se celebraría a fin de año. Luego visitó al Vicario General y a otros Obispos de Buenos Aires quienes también le aconsejaron lo mismo. Alfonso conservaba la calma, él sabía qué hacer: ponerlo todo en manos de María.
Llega marzo de 1956 en Adrogué, provincia de Buenos Aires. Algunos legionarios que conocían a Alfonso insistían al Padre Félix Masrramón, párroco de la Iglesia San Gabriel que lo recibiera. Por su parte el Padre había leído sobre el apostolado de la Legión de María con las chicas de la calle y lo mandó a llamar.
Para el día 26 de marzo se convocó a una primera reunión con siete personas; luego de que Alfonso se presentara y explicara lo que era la Legión, nació el primer Praesidium Nuestra Señora de los Dolores, que muy pronto comenzó a crecer y a las pocas semanas ya se había dividido. Así se fueron multiplicando, logrando el Padre Félix el permiso oficial de Monseñor Plaza, Obispo de la Arquidiócesis de La Plata.
Enseñaba a los legionarios a aprovechar todos los momento para hacer reclutamiento; él no perdía ocasión para invitar a hablar de Dios. Tenía la extensión en su mente, decía que era quitar la posibilidad al enemigo y al mismo tiempo la llave segura para que muchas almas lleguen al Cielo. Mientras tanto la Capital seguía en su negativa, pero súbitamente todo cambió el día 9 de diciembre de 1957, fecha en la cual pudo fundarse la Legión en la Arquidiócesis de Buenos aires. La extensión continuó con más ímpetu; se formaron nuevos equipos y se recorrieron ciudades y provincias y así se fueron sumando nombres: primero San Antonio Oeste, Entre Ríos, Córdoba, Mar del Plata, Santa Fe, Comodoro Rivadavia, Corrientes, Misiones, San Luis, Neuquén, La Pampa y después de mucho tiempo La Plata.
El 21 de enero de 1959, día de Santa Inés, de la pureza, día en que se le ofrecen al Papa dos corderos, es el día en que se eleva al Cielo como una ofrenda al Padre Eterno un corderito, pequeño ante los ojos de los hombres y grande a los ojos de dios: Alfonso Lambe ("lambe" significa "cordero" en inglés).
Expresó el hermano Duff: "Se me pregunta si creo que Alfonso es canonizable: sí, lo creo. No veo defecto en él. Esto podría ser algo negativo, pero en él estaba suplementado con una fe sin límites y otras cualidades heroicas. Puso toda su energía en la tarea de ganar almas. Tenía a Nuestra Señora en una perspectiva perfecta".
Como los Hermanos Cristianos Irlandeses ofrecieron a la Legión la bóveda de su comunidad y, ya que Alfonso en su adolescencia quiso pertenecer a esa Orden, pareció muy apropiado que sus restos descansen en  su bóveda, en la Recoleta, provincia de Buenos Aires.





[1] Versiones familiares relatan que en Irlanda tuvo un altercado con un  granjero del vecindario cuando regresaban de la feria, y que se trompearon muy fuerte, tan fuerte  que John Wallace noqueó a su contrincante hasta hacerle perder el conocimiento. Esa noche un oficial de la policía le comunicó que el estado de su rival era muy grave y le advertió que si el hombre moría, tendría que arrestarlo. Al día siguiente la policía volvió a la casa de John para comunicarle que el paciente se había recuperado, pero Wallace no pudo notificarse porque no lo pudieron encontrar. Se presume que fue en aquella ocasión cuando visitó  a sus familiares en la Argentina y la razón por la que eludía ser fotografiado. Una vez que se enteró de que su vecino seguía con vida, regresó a Irlanda.
[2] Hija de Patricio Chapman Maguire y Juliana Kenny Heavy
[3] Franz Lehàr, violinista y compositor húrgaro (1870-1948)

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